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Vilas

Conocí a Manuel Vilas en 2019, durante la entrega del Premio Planeta de ese año. Recuerden que en tal ocasión se lo había llevado el amigo Javier Cercas con la rupturista Terra Alta. Pues, precisamente, el finalista había sido en este caso Vilas, con la notabilísima Alegría. El autor, originario de Barbastro, siempre ha tenido una forma de narrar muy peculiar, muy íntima, muy directa, y ha cabalgado a medias entre la literatura y la poesía, con igual intensidad en las dos. Su público fiel es legión. Y no me extraña. Es profundamente adictivo, y sus seguidores no desperdician un segundo a la hora de hacerse con sus novedades. Sus éxitos han sido gigantescos. Su libro Ordesa, por ejemplo, fue reconocido por el suplemento Babelia como el mejor de 2018. Pero es que, además, obtuvo el Femina, concedido en Francia a la mejor novela traducida al idioma de Víctor Hugo. Por cierto. Alegría estuvo a un paso (quedó finalista) de conseguir el Jean Monnet de literatura europea. Como ven, todo un auténtico fenómeno. Pues bien. El caso es que ahora mismo Planeta ha publicado algo que se llama Los besos. Salió en septiembre y ya va por la segunda edición. ¿El tema? Un profe se prejubila antes de lo esperado y decide pasar una temporada en un pueblo perdido de la sierra madrileña, donde conoce a la mujer de su vida. Pero, ¿es todo tan simple? No...

LA PASIÓN COMO MOTOR

Hemos leído miles de obras sobre el tema, pero lo del amor, realmente, no tiene límites. Y siempre podemos esperar que alguien con talento, como es el caso, sea capaz de exhumar el sentimiento con palabras nuevas. El choque de trenes que se produce entre el prota, Salvador, y la tendera del pueblo donde se refugia, Montserrat, a quien llamará, más bien para sí mismo, con un nombre cervantino, Altisidora, es épico y en absoluto banal. Porque hay un trasfondo de grandeza que se va a hacer notar cada vez más. Todo se reduce, por otra parte, a gestos sencillos pero definitivos, como la idea de llevarse sólo dos libros a su autoexilio. ¿Y cuáles son? Ni más ni menos que El Quijote y la Biblia. Parece que sobra todo lo demás. Por otra parte, Salvador es un personaje muy simple, virgen en muchos sentidos, que no ha tenido pareja jamás, y mucho menos hijos. Sólo un gran amigo al que hace tiempo que no ve. El efecto que le producirá la chica, que sí tiene un hijo con un alemán del que hace tiempo que se ha separado, será demoledor. Lo más curioso de la cuestión es el finísimo humor que sobrevuela la trama, y que riega de ricas perlas toda la narración (llamarle al Covid Ángel Marxista, o su obsesión por la ropa interior de Juan Carlos I...). Grandísimo. Obligatorio. Y muy divertido...

25 oct 2021 / 01:00
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