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Vox, el PP y el nacionalismo gallego

    LA proximidad electoral ha resucitado en los medios la teoría de Feijóo y PPdeG cuando menos regionalistas, secretamente nacionalistas. Esta última afirmación como evidente es una manía de Vox. No le tengo por fascista. Ni por su discurso, ni por su carencia de grupos violentos callejeros o una evidente voluntad totalitaria, participa Vox de los cinco puntos básicos del fascismo “mínimo” de Nolte. De uno sobradamente, pero no le hace fascista: es el partido más nacionalista desde la Falange, pero más democrático y conservador que aquella.

    Nació como resultado de inconsecuencias de los partidos estatales alternantes, interesados en la gobernanza de lo inmediato pero ciertamente más descuidados y pusilánimes ante muy relevantes cuestiones de Estado, lo que unido a la dispersión autonómica llegó a dar la impresión, no siempre real, de que los intereses generales de España se iban escurriendo en la dispersión particularista, el pensamiento políticamente correcto y la desidia de los gobiernos centrales.

    Parecerá sin embargo muy extraño que un partido ultranacionalista condene todo nacionalismo que no sea el suyo. Es decir, que oponga el regionalismo o nacionalismo locales al sentimiento nacional español único legítimo, como si el patriotismo no pudiera ser compartido sin debilitar la idea de España.

    En tal sentido Vox se comporta como un nacionalismo excluyente y hace evidente haber nacido como reacción radical y nacionalista invertida en los espejos deformantes del callejón del gato del radicalismo político catalán y del vasco de tiempos de ETA.

    El PPdeG no es propiamente un partido nacionalista, aunque ha ido incorporando un muy limitado y legítimo componente de tal que no suele entenderse a sí mismo como dicotómicamente enfrentado por principio a un nacionalismo español, que en Galicia –de muy enraizado liberalismo– suele ir de la mano del sentimiento de galleguidad, algo incomprensible para la mentalidad dicotómica.

    Soy hijo de nacionalista bastante radical y puedo acreditar el amor a Euskadi, Cataluña y en general a España de mi padre. Debido a circunstancias histórico-geográficas irrepetibles en Europa, España añade la recurrente tendencia cantonal a su insuficiente cultura federal, tradicionalmente sustituida por un radical centralismo al que toma el relevo un radical particularismo.

    Un basculante cerrilismo que sustituye al que se había dado con la Santa Madre-Iglesia, vinculada arquetípicamente a Santa Madre-Nación. Con tales vectores cruzados hay que lidiar y el PPdeG –más que PP y más aún que Vox– está en su sitio.

    29 jun 2020 / 23:09
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