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Contra el discurso del odio en las redes

    ¿por qué da marcha atrás Mark Zuckerberg y anuncia, aunque sea a trancas y barrancas, que adoptará medidas de control del discurso del odio en su plataforma? ¿Lo hace por convencimiento, aunque sea tardío, o por instinto de supervivencia? Apostaríamos a que más por lo segundo que por lo primero, tras el boicot de casi doscientas grandes compañías y con el gigante digital desplomándose en Bolsa. En cualquier caso, lo relevante es que lo hace y que Facebook imitará a Twitter –cuyas acciones también cerraron la semana con caída– y etiquetará contenido que considere peligroso y sea relevante para el interés público. Algo importante ocurre, en este caso para bien, cuando grandes multinacionales –Unilever, Verizon, Coca-Cola, Honda y Starbucks, entre otras– se suman a la campaña No al odio por las ganancias y doblegan al monstruo tecnológico. Frente a la decisión inicial de Zuckerberg de compartir mensajes de Donald Trump con contenidos de exaltación de la violencia y del supremacismo, amparándose en una controvertida interpretación de la libertad de expresión, de la que Twitter se desmarcó tras el asesinato de George Floyd, Unilever, que controla más de cuatrocientas marcas, solo necesita cuarenta palabras escasas para iluminar un nuevo escenario: “Las marcas tienen la obligación de construir un ecosistema digital fiable y seguro (...) Se puede hacer mucho más, especialmente ante la división y el discurso de odio presente en este periodo electoral tan polarizado en Estados Unidos”. Una cosa es que Facebook no quiera erigirse en árbitro de internet y otra muy distinta, que practique la política del avestruz ante los comentarios incendiarios de determinados líderes políticos y de opinión, con el inquilino de la Casa Blanca a la cabeza. Ayer mismo, Trump volvió a las andadas y difundió durante varias horas, en Twitter, un vídeo con cánticos supremacistas blancos. Retomamos la pregunta inicial: ¿por qué reacciona precisamente ahora Zuckerberg, después de años haciendo oídos sordos al alud de críticas por su displicente negativa a controlar información tóxica? Seguramente la explicación hay que buscarla en que Facebook es la segunda plataforma planetaria de anuncios, solo superada por Google, con ingresos anuales por publicidad que superan los sesenta mil millones de euros. El boicot de compañías emblemáticas cambia las reglas y levanta un muro de contención frente a la intoxicación política, a propagación de conspiraciones y los discursos del odio. Bienvenido sea este balsámico soplo de aire fresco.

    29 jun 2020 / 23:55
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