El Correo Gallego

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EDITORIAL

Y Abel Caballero se comió sus propias palabras

17.11.2019 
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HAY TANTAS MANERAS de hacer política, unas más afortunadas que otras, como estrellas lucen en el firmamento. Lo volvemos a comprobar en este proceso ahora frenético de desbloqueo de la investidura interminable de Pedro Sánchez, con las reacciones al sorpresivo pacto exprés del abrazo. Sin salir de Galicia, ahí tenemos a Feijóo, que se pone el traje de estadista para alertar de los peligros de la previsible deriva radical y abandera la petición de un Gobierno constitucionalista, con algo lo más parecido posible a una gran coalición entre PSOE y PP. Ahí tenemos a los líderes de Galicia En Común, Yolanda Díaz (ministra in péctore, dicen) y Antón Gómez-Reino, envueltos en el estruendoso silencio de las marionetas. Ahí tenemos a Ana Pontón, la siempre coherente y combativa líder del BNG, intentando hacer valer el peso en oro de su diputado con la exigencia de una agenda gallega, y la advertencia de que el nacionalismo matrio no entregará cheques en blanco. Y ahí tenemos a Abel Caballero, transmutado en alcalde populista de Vigo, tras ejercer de ministro elitista de Felipe González y de fracasado candidato elitista a la Xunta. Quizás cegado por el desmesurado -y exitoso, reconozcámosle el mérito- despliegue de luces navideñas en la gran urbe sureña, que él gobierna con modales de rey sol, se olvida de sus recelos -¡puritita urticaria, oiga usted!- hacia la tribu podemita y, pelillos a la mar, proclama más pancho que ancho: "Con que gobierne Pedro Sánchez me vale, porque garantiza inversiones en Vigo". Pues qué bien. En un reciente y celebrado cara a cara con González, rescató Mariano Rajoy una de las muchas recetas de pragmatismo que nos legó Winston Churchill: "La mejor dieta para un político es comerse sus propias palabras". Si el legendario premier de la Gran Bretaña levantase la cabeza, nombraría heredero universal al fachendoso regidor olívico. Bromas aparte, no nos parece buena cosa, ni siquiera para los vigueses, que don Abel se apreste a digerir con su estómago a prueba de sapos un pacto que, lo advierte el presidente de la Xunta, va contra el interés de los españoles, entre otras razones porque se alimenta sobre todo con la droga del poder. Si el alcalde Caballero revisase la enciclopedia de citas churchillianas, daría con una que actualiza la clásica de Maquiavelo: "Quien se humilla para evitar la guerra, se queda con la humillación y con la guerra". A buen entendedor...