El Correo Gallego

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EDITORIAL

... algo nuestro se quema

23.08.2019 
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QUE GALICIA SE ESTÉ LIBRANDO este estío -¡aleluya, aleluya!- de la lacra incendiaria que históricamente castiga nuestros bosques y montes, pertinaz y letal, no significa que no asistamos sobrecogidos a la catástrofe medioambiental que ha calcinado más de diez mil hectáreas en Gran Canaria, con fuegos tan voraces cuan incontrolables, ni que no nos indigne el infierno de la Amazonia brasileña, que arde a ritmo récord mientras el presidente Bolsonaro no tiene mejor ocurrencia que señalar con el dedo y sin pruebas a las oenegés. Los datos, escalofriantes, reducen casi a la categoría de anécdota el impacto del fuego en la riqueza forestal de España. La selva amazónica -hablamos de la masa forestal más grande del planeta y, por tanto, pulmón imprescindible de la Tierra- lleva casi tres semanas ardiendo sin parar, con cerca de diez mil incendios, de los treinta mil todavía activos, declarados en solo siete días. En estos primeros ocho meses de 2021 se han disparado allí un 83 % los fuegos sobre el mismo periodo del pasado año. La deforestación ha aumentado un 80 %, con cinco mil kilómetros cuadrados menos de vegetación en los doce meses últimos, lo que supone una sexta parte de la extensión de Galicia. Sobresalta especialmente que los incendios se ceben con áreas de protección ambiental: en Mato Grosso, estado que vive de la agricultura y que tiene dos grandes parques naturales, los fuegos han aumentado nada menos que un 205 %, una auténtica barbaridad que ha disparado las alarmas, sobre todo después de que en São Paulo, a tres mil kilómetros de la Amazonia, el cielo quedase oscurecido y se hiciese de noche a las tres de la tarde, este lunes pasado, por el humo de los macroincendios. Este dantesco escenario en el que fuegos sin control devastan el pulmón del planeta nos preocupa a los gallegos. Cómo no va a preocuparnos cuando la brutal liberación de cientos de toneladas de dióxido carbónico en la selva amazónica alimenta el efecto invernadero y, en consecuencia, el cambio climático responsable de, sin ir más lejos, este verano loco e inestable que hemos digerido como buenamente hemos podido en Galicia. La comunidad internacional tiene que tomarse en serio -sobran palabras y escasean medidas- la protección del medioambiente y de la riqueza forestal. Aunque solo sea porque, al fin y al cabo, cuando la Amazonia se quema, algo nuestro se quema.