El Correo Gallego

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EDITORIAL

Aquí paz y después gloria

25.08.2019 
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SI EN ALGUNA ACTIVIDAD humana tienen protagonismo y significado los gestos es en la política. Y si interpretamos correctamente el gesto del paseo por Santiago del flamante vicesecretario de Comunicación del PP, podemos aventurar que la tormenta en un vaso de agua a cuenta de la marca Galicia Suma ha pasado a mejor vida, en apariencia sin daños ni víctimas. Un sonriente Pablo Montesinos reconoció públicamente que en Galicia "la inmensa mayoría del centro derecha elige, y elige muy bien, al presidente Núñez Feijóo" (sic), y aquí paz y después gloria. Va más allá de la anécdota ese encuentro de Montesinos, un miembro destacado de la nueva guardia pretoriana de Pablo Casado, con Diego Calvo y Miguel Tellado, dirigentes de absoluta confianza del inquilino de Monte Pío. Por boca de Alfonso Rueda y Paula Prado, el PPdeG dejó claro desde el primer minuto su incomodidad -su cabreo sordo, en puridad- con la ocurrencia de diluir unas siglas ganadoras, las del PPdeG, en una marca, Galicia Suma, de incierto recorrido que, para empezar, generaría confusión en el electorado y, de propina, daría oxígeno gratis a Ciudadanos y a Vox, partidos con escasísima implantación en la comunidad. En resumen, una malísima idea que, a mayores, alimentaba los rumores sobre los desencuentros y la ausencia de química entre don Pablo y don Alberto. Los gestos, siempre los gestos, no presagiaban nada bueno. Veamos: Casado se desembarazó de la vicesecretaria de Comunicación que Feijóo le había colocado a Mariano Rajoy y nombró portavoz parlamentaria a Cayetana Álvarez de Toledo, en contra del criterio del gobernante gallego. Veamos: Feijóo nunca escondió su ígneo malestar por los coqueteos del PP con Vox ni su nulo entusiasmo hacia los pactos de las tres derechas. El encontronazo, a duras penas disimulado, por el conato de trágala con la marca Galicia Suma significaba echar más madera a una hoguera que podría acabar por incendiar a la familia popular. Un negocio fatal, se mire por donde se mire. Casado reacciona a tiempo, se da cuenta de que está condenado a entenderse con Feijóo, le reconoce al líder gallego su estatus especial en el partido y su predicamento en la sociedad, y guarda en un cajón bajo siete llaves su inoportuna ocurrencia. Es un gesto inteligente -aquí paz y después gloria, sí- que debería cerrar la caja de Pandora de una pelea de gallos peligrosa para los intereses del PP.