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EDITORIAL

Bilingüismo armónico, el triunfo del "sentidiño"

04.03.2019 
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QUE EN GALICIA siempre ha reinado el llamado bilingüismo armónico es un hecho indiscutible, por mucho que algunos políticos del sector ultra estén intentando trasladar al conjunto de los españoles la idea de que en ciertas comunidades se margina, cayendo incluso en la ilegalidad, a los castellanohablantes. Otras regiones quizá deban dar explicaciones al respecto si han llevado demasiado lejos, como denuncian algunos padres de alumnos escolarizados en Cataluña o ciertos funcionarios del sector sanitario que ejercen en Baleares, los requisitos para ejercer allí determinadas profesiones, pero en la nuestra jamás ha habido persecución lingüística alguna a quienes utilizan el español como lengua habitual. Sí se han puesto en práctica, por el contrario, políticas muy sensatas dirigidas a salvaguardar, promocionar y difundir, como es lógico, un idioma que merece todo eso y mucho más por ser una parte importantísima del patrimonio del pueblo gallego (también del español en su conjunto) y por haberse expresado en él escritores, poetas e intelectuales de todo tipo que figuran en la cúspide la creación internacional. No es de extrañar, por lo tanto, que el líder del PP nacional haya puesto a Galicia como ejemplo de lo que deberían hacer todas las comunidades con lengua propia, porque, como bien dice Pablo Casado, las diferentes formas de expresarse y de hablar deben servir para unir y dar una mayor riqueza a los pueblos, no para crear barreras, levantar muros o marginar a una parte de la población, ya sea autóctona o llegada de otros territorios. Sabe el líder de los populares, y por eso lo proclama con satisfacción, que el bilingüismo armónico de Galicia no es más que el éxito del "sentidiño" que sabe practicar, de forma natural, una sociedad abierta y plural que ama lo suyo y respeta lo de fuera. Un "sentidiño" que nos hace fuertes y provoca la envidia, en este caso insana, de quienes se pasan todo el día intentando buscar puntos de confrontación entre los españoles y entre los propios gallegos. Un "sentidiño", en suma, que debería servir de guía a todos los radicales, a todos los que no aceptan la convivencia normalizada de dos o más lenguas, a todos los que huelen a naftalina minifundista. En esta tierra, los crispadores profesionales lo llevan crudo, porque en ella reinan la moderación y la sensatez. Justo lo que ellos no saben encontrar en los partidos en los que militan o apoyan.