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LA QUINTA

REDACCIÓN

Bomba de relojería en un Gobierno de coalición

22.07.2019 
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PARECE DESPEJADO el camino hacia la investidura de Pedro Sánchez. El paso a un lado de Pablo Iglesias en sus pretensiones de ser ministro y el anuncio explícito de ERC, PNV y hasta Bildu de no entorpecerla invitan a pensar en que este largo periodo de interinidad tocará a su fin. En condicional ya que, con Unidas Podemos por medio, nadie puede garantizar nada y la propia Carmen Calvo ya reclamó a los morados "disciplina de trabajo y respeto a las decisiones del Gobierno" en referencia a las diferencias existentes entre ambas formaciones sobre, por ejemplo, el problema catalán y la independencia judicial.

No va a ser nada fácil un Ejecutivo de coalición entre fuerzas de izquierdas pero tan antagónicas. Cierto que los socialistas desactivaron esa especie de bomba de racimo que representaba Iglesias pero no menos verdad es que cualquiera de los nombres que suenan (Irene Montero o Pablo Echenique) son explosivos de acción retardada que seguirán siempre las consignas del líder supremo.

Será la primera vez en la España posTransición que se explore esta fórmula con un precedente que conocimos en Galicia entre agosto de 2005 y abril de 2009. El bipartito PSdeG-Bloque acabó convertido en un bigobierno de Pérez Touriño y Anxo Quintana con situaciones tan kafkianas como aquel ridículo incidente entre el conselleiro de la Presidencia (socialista) y el secretario xeral de Relacións Institucionales (nacionalista) por la denominación de la vicepresidencia o el responsable de Medio Ambiente encogiéndose de hombres limitándose a decir que el problema era competencia de su colega de Medio Rural cuando en el verano de 2006 estaba ardiendo media Galicia en el que fue el mayor desastre medioambiental de esta comunidad. Son dos anécdotas que sirven para ilustrar el problema que se le presenta a Pedro Sánchez cuando sobre la mesa del Consejo de Ministros se presenten temas que van a provocar versiones ideológicamente enfrentadas entre los grupos coaligados. ¿Dirán ahora los ministros de Unidas Podemos que en España no hay presos políticos? ¿Aceptarán la aplicación del 155 si, como ya anuncia Quim Torra, habrá una nueva declaración de independencia ante una condena a los encausados? ¿Seguirán considerando a los empresarios, pilares de la economía, como enemigos del pueblo? Difícil situación cuyo primer episodio se vivirá cuando tengan que prometer su cargo, siguiendo el mandato constitucional, ante un rey que no reconocen. Puede ser de traca.