El Correo Gallego

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LA QUINTA

BEATRIZ CASTRO / PERIODISTA

Café y duchas calientes para quienes nada tienen

09.12.2019 
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EL VERDADERO espíritu navideño, por mucho que lo manifestemos a través de luces y cánticos, consiste en ponerse en el lugar de los que nada tienen y ayudar más que nunca a las instituciones que trabajan todo el año, no solo en momentos puntuales, a favor de los que a veces no poseen ni una manta con la que taparse. Nuestra colaboración debería ser continuada y sin altibajos, pero sin duda la Navidad es un excelente momento para caer en la cuenta de la miseria que nos rodea y poner en marcha un plan de acción permanente en el tiempo, de forma que no concluya cuando las luces y los villancicos se apagan. En Santiago, ciudad clave para entender el cristianismo, hay mucho que hacer al respecto. Muchísimo. El último informe de la asociación Vieiro señala que al menos treinta personas viven, de media, en las calles y que la mayoría carece de buena ropa para hacer frente al frío y la lluvia. Por eso el albergue de Xoán XXIII ha puesto en marcha una campaña dirigida a conseguir abrigos, calzado fuerte y alimentos no perecederos, y por eso también en el centro social que coordina Vieiro en la calle Carretas los voluntarios no dan abasto estos días para ofrecer café, duchas calientes y un ambiente confortable a quienes duermen al raso. ¿Se trata de vagos o de maleantes que se han labrado a pulso su mala suerte? En absoluto. Desde estas agrupaciones insisten en el hecho de que muchas de estas personas son gente corriente que ha sufrido un fuerte revés económico, familiar o de salud y que de repente se encuentra sin techo, sin dinero, sin familiares cercanos y sin amigos. Los perfiles son, por lo tanto, tan variopintos que supone un gravísimo error y una injusticia aplicarles a todos un mismo patrón relacionado con la marginalidad elegida. Por cierto, los colectivos solidarios de los que hablamos dependen o reciben el impulso de la Iglesia. Esa Iglesia tan denostada por algunos debido a la nula atención que, según sus torpes entendederas, prestan a los pobres. ¡Qué atrevida es la ignorancia!