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El cierre de una Puerta Santa que deja un año de récords

14.11.2016 
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SANTIAGO de Compostela ha sido nuevamente protagonista en todo el mundo. La capital gallega tiene experiencia como centro neurálgico cristiano, cultural y turístico, referente en Galicia y en toda España. Los últimos doce meses han ratificado, sin la más mínima sombra de duda, la acertada apuesta de atender el requerimiento del papa Francisco para abrir la Puerta Santa. Fue una firme apuesta de EL CORREO GALLEGO desde el primer momento, y a pesar de las reticencias que llegaban desde distintos ámbitos incluso en el propio Cabildo compostelano, este Año de la Misericordia cierra sus puertas con un balance excepcional, cuantitativa y cualitativamente. Con cifras récord, pero también sin desvirtuar en ningún momento la excepcionalidad de un Año Santo. Han sido los peregrinos, los fieles, los ciudadanos de más de 120 países los que han dicho sí a este año extraordinario con su presencia en Compostela, y no precisamente alentados por el esfuerzo de otras instituciones. Desde el Ayuntamiento y su gobierno de Compostela Aberta han vuelto a confundir lo que es una opción personal o política laica con lo que supone para la ciudad un Año Santo, con la repercusión económica que tiene para cientos de empresas y para muchos miles de ciudadanos. Estar al frente de una ciudad es, o debería ser, preocuparse por sus intereses, tomar las mejores decisiones para atender las necesidades y conveniencias de quienes aquí residen, y no anteponer filias y fobias con tintes sectarios o revanchistas.  Los gallegos han asumido con naturalidad, porque las cifras lo demuestran, que lo que es bueno para Santiago beneficia a Galicia en su conjunto. Cuando el motor turístico funciona a pleno rendimiento el resto de las ciudades recogen también los beneficios. Y por eso debemos evitar los complejos de otras épocas, la autocensura que impide promocionar actos de especial importancia en la capital gallega para no herir susceptibilidades que deberían ser solo un recuerdo. La lectura de un año excepcional es que la inmensa mayoría de los ciudadanos son bastante más sensatos y maduros que algunos dirigentes. Y este Año Santo extra ha sido una bendición, nunca mejor empleada la palabra, para muchos sectores de la economía compostelana y gallega... como preveía EL CORREO hace un año.