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EDITORIAL

Códice Calixtino: robo injustificable

07.07.2011 
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¡VECIÑOS, VECIÑOS, ROUBARON O CORPO SANTO! El legendario comienzo de La saga/fuga de J.B. fue superado ayer por la realidad, como un mazazo, en esta Compostela de contraluces torrentianos, donde alguno de los personajes de don Gonzalo bien pudo ser quien gritase: ¡Veciños, veciños, roubaron o Códice Calixtino! Sí, la mayor joya bibliográfica que guarda la Catedral de Santiago ha desaparecido en unas extrañas y rocambolescas circunstancias que han conmocionado a Galicia entera. El Códice es un manuscrito iluminado de mediados del siglo XII, compuesto por cinco libros y dos apéndices, con 225 folios de pergamino escritos por las dos caras, y considerado como la primera guía para peregrinos, con sus sermones, textos litúrgicos, consejos y descripciones de obras de arte y de las costumbres a lo largo del Camino. Está, en definitiva, inserto en el ADN de la capital de Galicia como centro planetario de peregrinación. Por eso, su robo trasciende lo estrictamente delictivo y se convierte en atentado contra la identidad de todo un pueblo. Digámoslo alto y claro: el Códice Calixtino es uno de los tesoros de Galicia, de España y no exageramos si decimos que del mundo. Desconocemos todavía las grandes claves de tan desgraciada sustracción, pero lo que ya sabemos nos obliga a sorprendernos por lo que aparentan ser insuficientes sistemas de seguridad implementados para proteger tamaño legado histórico, guardado en una cámara ad hoc. Sabemos que en la Catedral de Santiago hay vigilancia privada, también que tiene instalados sistemas de alarma y que cinco cámaras graban todo cuanto ocurre en su Claustro. Pero, ¡ay!, la sala del Archivo en donde se guardaba el Códice está aparentemente huérfana de los controles necesarios para disuadir a ladrones de guante blanco, especializados en saquear el patrimonio artístico. Estamos seguros de que el deán José María Díaz hará públicos hoy mismo todos los detalles. Solo después de que él hable, como máximo responsable del Cabildo catedralicio, llegará el momento de hacerse preguntas y de criticar lo que merezca crítica. Lo que toca ahora es pedir a la Policía de Santiago, a las comisarías de Galicia entera y a la Interpol -porque esta desgracia huele a banda internacional- todos los esfuerzos posibles, y hasta los imposibles, para recuperar cuanto antes y en perfecto estado uno de los estandartes de referencia del fenómeno jacobeo. Sin el Códice Calixtino, Galicia pierde parte de su esencia y Compostela se siente triste y desnuda, ultrajada. Ojalá que no por mucho tiempo y que el Apóstol contribuya a un final feliz.