El Correo Gallego

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EDITORIAL

Una Constitución para la convivencia

07.12.2018 
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TAN CIERTO ES que España ha cambiado radicalmente en estas últimas cuatro décadas, cuanto que la Constitución conserva su bendita condición de gran pacto nacional de convivencia entre los españoles. Ante la Familia Real y los cinco presidentes del Gobierno vivos, Felipe VI avaló ayer la vigencia de una Carta Magna que "ha construido una arquitectura territorial con profunda descentralización, y protección de nuestras lenguas y culturas", y que, por encima de sus otros muchos méritos, hizo el milagro del espíritu de reconciliación entre españoles que superaron las heridas de la dictadura, que se reconocieron y se aceptaron en un reencuentro lleno de emoción, perdón y renuncia. Recordó muy oportunamente el rey, ahora que se acerca inexorable la hora de la reforma, las palabras de Miquel Roca: "La Constitución fue un pacto de coraje y no de debilidad". Con ella hemos vivido, sin duda, nuestros mejores años y sobre ella debe crecer el irrenunciable proyecto de España como patria de la convivencia, la tolerancia, el pluralismo, el progreso y las libertades. Instalada desde hace años en la crispación y con la clase política convertida en una de sus más graves preocupaciones, la sociedad española asistió al cumpleaños constitucional más convulso, quizás, pero también al más esperanzador. Y es que toca ya trabajar para generar consensos que permitan reformar la Carta Magna y mejorarla con un objetivo básico: garantizar la unidad, la cohesión territorial, sin dañar la riqueza de la diversidad de identidades en la que identificamos a la España real. Esa reforma se adivina en las palabras del propio Felipe VI -"España no es la de hace cuarenta años"- y la sugiere Ana Pastor -"no hay candados en la Constitución"-, pero no será posible en tanto no se restablezca el clima de consenso que exige la apertura de tan delicado melón. Acierta la presidenta del Congreso cuando advierte de que los españoles esperan la renovación del ejemplar pacto constitucional, y acierta cuando previene de que "fuera de ella no cabe nada". El gran reto, pues, es adecuar la Carta Magna a las necesidades de la España incierta del siglo XXI, de manera que siga siendo el espejo en el que todos nos reconocemos, la ley de leyes que a todos protege, el vehículo más idóneo para hacer realidad las esperanzas de los españoles. En cualquier caso, la Constitución de 1978 conserva las fortalezas que la refrendan como el mejor pacto posible para blindar los tesoros de la convivencia, la concordia, el entendimiento y el respeto. Que nadie lo olvide jamás.