El Correo Gallego

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EDITORIAL

La Constitución, mejor ni tocarla

07.12.2019 
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FRENTE A LA EVIDENCIA de que la ley fundamental de nuestro sistema democrático soporta cada día más achaques, los dos grandes partidos cierran filas y gritan ¡viva la Constitución!, a ver si así espantan los fantasmas. Las Cortes celebraron ayer el 41 aniversario de la Carta Magna en un clima político enrarecido por la fragmentación, y con la ultraderecha y los secesionistas catalanes condicionando cualquier posibilidad de abrir el delicadísimo melón de la reforma constitucional, tan necesaria cuan imposible de abordar en este escenario volcánico, dominado por la incertidumbre. En el momento actual no se vislumbra siquiera un consenso mínimo sobre cómo apuntalar con eficacia las vigas maestras de la ley de leyes, desde el modelo territorial -Vox quiere suprimir de un plumazo el Estado autonómico y los independentistas, irse incluso a las bravas- hasta el rol de la monarquía. En este contexto desfavorable, Unidas Podemos -quién te ha visto y quién te ve, Pablo Iglesias- y los restos del naufragio de Ciudadanos se unen a socialistas y populares en la defensa cerrada del espíritu y la letra de la Carta Magna. Hacen bien, porque lo que importa ahora es protegerla de ataques que pondrían en grave peligro al sistema y a la mismísima convivencia, y focalizar los esfuerzos en desatascar la investidura para recuperar la estabilidad y la gobernanza. Felipe VI acelera los trámites al concentrar en dos días la ronda de consultas con dieciocho partidos -el BNG se descuelga, en una decisión controvertida, porque evalúa "muy negativamente" el papel de la monarquía y del propio rey-, para designar ya este miércoles próximo a Pedro Sánchez candidato a una investidura aún incierta. Todo apunta, pues, a que comeremos el turrón con un Gobierno en funciones y, lo que es más dañino, a que a lo más que podemos aspirar es a un pacto Frankenstein que no le garantiza completar la legislatura al primer Ejecutivo de coalición en nuestra historia reciente. El inquilino de La Moncloa aprovechó los actos del Día de la Constitución para reivindicar el pacto entre diferentes. Bien está apelar al espíritu de entendimiento, por supuesto, siempre que sirva a los intereses generales y no degenere en un indigesto pasteleo para amarrarse a las poltronas del poder. Es lo que continúa sin estar claro a estas alturas del viacrucis de la investidura.