El Correo Gallego

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EDITORIAL

Contradicciones o/y ambición de poder

17.06.2019 
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"EL POLÍTICO OPERA CON LA ambición de poder como un medio inevitable. Pero el pecado comienza cuando esta ambición de poder se convierte en algo que no toma en cuenta las cosas, cuando se convierte en objeto de una pura embriaguez personal, en vez de ponerse al servicio de la causa". Recordaba Lucía Méndez este domingo en las paginas de El Mundo a Max Weber en su obra El político como profesión, reflejo de la kafkiana situación que se vivió en el sábado de constitución de los ayuntamientos. Lo resumía la periodista bajo un titular, "la política española, una insoportable contradicción", y una reflexión que, a buen seguro comparten la inmensa mayoría de los ciudadanos: "Ya a casi nadie le extraña que los líderes digan una cosa hoy, otra mañana y, si es preciso, otra pasado".

Solo desde esa óptica pueden entenderse casos como el vivido en el Concello de Ourense, convertido en la punta del iceberg por el desplieguem mediático y, todo hay que decirlo, por la capacidad que tienen los partidos de la izquierda en arrimar el ascua a su sardina. ¿Acaso no pedía el PSdeG del impoluto Gonzalo Caballero a Pérez Jácome lo mismo que Manuel Baltar; es decir, su apoyo para gobernar la ciudad de As Burgas y la Diputación? ¿Por qué si se decanta por el PP es una felonía y si lo hubiera hecho por la izquierda sería un acto democrático?

Pero no fue lo ocurrido en Ouense la única incoherencia. ¿No es profundamente antidemocrático que José Manuel Rey, a un puñado de votos de la mayoría absoluta en Ferrol, se vea relegado a la oposición por tres partidos que en el mandato anterior fueron incapaces de alcanzar el más mínimo de los acuerdos y acabaron despedazándose entre ellos? ¿Debería Ana Pontón, adalid de lo correcto, ordenar que el Bloque devuelva las alcaldías que obtuvo con el apoyo del PP? ¿Tiene sentido que sea alcalde el único concejal de una formación política? ¿O se puede consentir que los populares presenten ya una moción de censura tras la deslealtad de dos ediles, como hará en Burgos?

Para acabar con las contradicciones quizás haya que modificar la ley para implantar una doble vuelta en las elecciones municipales o aplicar el sentido común que imperó en Santiago: concurren los dos candidatos más votados y se lleva la alcaldía el que tuvo más apoyos, con el resto de partidos observando escrupulosa neutralidad . Y a partir de entonces abrir espacios de pactos y consenso pensando siempre en el interés de todos los ciudadanos. Ni más ni menos.