El Correo Gallego

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EDITORIAL

Desactivar la bomba demográfica

20.06.2019 
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QUE NO NOS SORPRENDA la radiografía demográfica que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística no quiere decir, ni mucho menos, que no deba preocuparnos. Porque Galicia es ya, a pesar de todas las alertas y todos los esfuerzos de la Xunta, la autonomía con peores datos, tanto en lo relativo a relevo generacional cuanto a saldo vegetativo. Los números reflejan con absoluta contundencia la gravedad del problema: el año pasado nacieron en las cuatro provincias 16.550 niños, cinco menos cada día que en 2017, casi 5.500 por debajo de los alumbramientos de 2010 y 28.290 menos que en 1976, cuando Galicia alcanzó su techo de partos de las cuatro últimas décadas. Lideramos con tasas de dos dígitos -los nacimientos se derrumbaron un 10,3 %- la España que se vacía, y el futuro inmediato no deja hueco al optimismo. Pintan bastos para el equilibrio de la pirámide poblacional porque cae sin pausa el número de mujeres en edad fértil, porque el acceso a la maternidad se retrasa aquí hasta los 32,7 años, porque mueren ahora 3.546 gallegos más al año que a comienzos de este siglo y porque, con el 28 % del total, lideramos el retroceso de población estatal: se producen casi 16.000 defunciones más que alumbramientos. Desde que el saldo demográfico comenzó a ser negativo, hace 31 años, se han multiplicado en la comunidad las voces de alerta, y todos los presidentes -de Fraga a Feijóo, pasando por Touriño- incluyeron en sus agendas el impulso a políticas de natalidad. Con muy escaso éxito, a la vista está, sin duda porque desactivar la bomba demográfica es un reto que trasciende las competencias del Gobierno gallego, e incluso las del Ejecutivo central. Es, más que un asunto de Estado, un desafío colosal en el que debe implicarse toda la Unión Europea, con programas eficaces que favorezcan la natalidad y fomenten la conciliación. El actual inquilino de Monte Pío lleva años advirtiendo de que la demografía es, posiblemente, el mayor desafío al que se enfrentan Galicia, España y Europa entera. Tiene razón y hace bien liderando el frente de las autonomías que reclaman que se tenga en cuenta para la reforma del sistema de financiación autonómica. Sería este un paso adelante que ayudaría a superar el escenario del voluntarismo, y a inyectar recursos que generen oportunidades. Ya empieza a ser tarde, pero aún podemos pasar de las buenas intenciones a los hechos eficaces.