El Correo Gallego

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EDITORIAL

Se enfría la recuperación económica

09.11.2018 
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LLEGAN NOTICIAS AGRIDULCES -una de cal y varias de arena- para la economía española, que se desacelera al ritmo de toda la Unión Europea. Los macrodatos no son como para echar cohetes: nuestro PIB crecerá el 2,6 % este año, pero solo el 2,2 % el próximo por el frenazo del consumo privado; tampoco cumplirá el Gobierno con el objetivo de déficit del 1,8 %, y España cerrará 2019 con un desfase presupuestario del 2,1 %. Que vayamos a seguir creciendo por encima de la media de la eurozona no parece suficiente consuelo, sobre todo si tenemos en cuenta que al enfriamiento del consumo habrá que añadir una preocupante fatiga del ritmo exportador -hasta ahora motor de la recuperación- y un incremento de los precios del crudo. Apunta Bruselas que no ve nubarrones que puedan ensombrecer el crecimiento de nuestra economía por encima del 2 %, al menos hasta 2020; que seguiremos disfrutando de una robusta creación de empleo y que crecerán los sueldos, impulsados por la subida del salario mínimo, lo que sostendrá en parte el consumo y fortalecerá el ahorro. Miel sobre hojuelas, si no fuese porque esta tranquilizadora previsión tiene su lado oscuro: la Comisión advierte de que el pacto estrella de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se comerá setenta mil empleos en dos años. Es de agradecer que el comisario Moscovici se haya ajustado a los protocolos de la diplomacia comunitaria y no se haya ensañado con las palmarias disparidades entre las prudentes cifras de la Comisión Europea y el optimismo desbocado de los Presupuestos que la ministra Nadia Calviño defendió en Bruselas. En cualquier caso, las prevenciones indisimuladas en los despachos del centro de decisiones de la Unión Europea están en la línea -¿casualidad?- de las expresadas días atrás por el gobernador del Banco de España. Hernández de Cos cifró en ciento cincuenta mil puestos de trabajo volatilizados el impacto de subir el salario mínimo a novecientos euros en catorce pagas, un contundente 22 %. Dijo más el gobernador: los más perjudicados serán, paradójicamente, los parados menos capacitados y los jóvenes. Sin discutir los argumentos de la Comisión Europea y del Banco de España -quizás deberían repensar el Ejecutivo socialista y sus socios podemitas el techo del incremento del SMI-, sorprende que ni Moscovici ni Hernández de Cos alcen sus autorizadas voces para poner el dedo en la llaga más dolorosa del mercado laboral español: la precariedad. Ahí está el caldo de cultivo que alimenta al voraz monstruo de la desigualdad.