El Correo Gallego

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EDITORIAL

Cuando los extremos radiografían la desigualdad

21.07.2019 
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LOS EXTREMOS SE TOCAN, ocurre muchas veces, y los hay que radiografían al milímetro las heridas que la Gran Recesión ha dejado en la piel y en el corazón de la sociedad. Sin ir más lejos, nos enseñan como la recuperación no será real mientras los autónomos gallegos sean los jubilados más pobres de España -son los únicos con pensiones por debajo de los setecientos euros mensuales-, a pesar de una subida de cuotas que en teoría debería mejorar las prestaciones que reciben. Con semejantes subsidios, indignos a todas luces, están condenados a malvivir, tras una vida de trabajo y sacrificios. Por no hablar del agravio de género, con las autónomas cobrando doscientos euros menos, pese a haber cotizado en el mismo régimen que ellos. Ahí hay que buscar el principal motivo de que muchos trabajadores autónomos retrasen su jubilación hasta más allá de los 65 años. A la fuerza ahorcan. En el otro extremo, un estudio del Consejo de la Juventud ofrece pistas palmarias sobre la quimera de la emancipación, sobre por qué a finales de 2018 solo un 19 % de quienes tienen entre 16 y 29 años había podido dejar el hogar familiar, la cifra más baja desde 2002. La pregunta es elemental: ¿cómo van a emanciparse los menores de 30 años cuando para poder alquilar una vivienda solos tienen que destinar algo más del 90 % de su sueldo? Ambos extremos, el de los jubilados -tanto da que sean autónomos o no- y el de los jóvenes con empleos precarios -por no hablar de los que ni siquiera así consiguen acceder al mercado laboral-, cierran el círculo vicioso de la desigualdad. Parece obvio que setecientos euros escasos al mes no le llegan a ningún pensionista para vivir con dignidad; tampoco los menos de mil euros mensuales que cobran de media aquellos jóvenes españoles que tienen la fortuna de firmar un contrato de trabajo. Para entender el retroceso, lo que nos hemos dejado de nuestro Estado de Bienestar en el túnel de la crisis, baste recordar que hace apenas una década el porcentaje del salario que un joven trabajador tenía que destinar al alquiler de vivienda era del 57,4 %, casi 35 puntos menos que ahora, y que lo recomendable es no sobrepasar el techo del 30 %. El de la vivienda no es un problema de ahora, cierto, como no lo es el de los bajos subsidios de los jubilados gallegos, cierto, pero la crisis ha exacerbado ambos. Nuestros pensionistas malviven y la pobreza juvenil comienza a ser una epidemia en España. Son dos de las caras más pavorosas de la desigualdad, esa terrible tormenta perfecta frente a la que no podemos seguir cruzados de brazos.