El Correo Gallego

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EDITORIAL

Fortalezas y dudas de la economía de EE.UU.

18.06.2019 
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AUNQUE DONALD TRUMP HACE lo posible y hasta lo imposible por tener al mundo con el corazón en un puño -es más histrión que presidente, y se siente más a gusto en la confrontación y el matonismo que en el diálogo y el respeto-, ni siquiera los destrozos de elefante en cacharrería que perpetra el inquilino de la Casa Blanca pueden opacar el indiscutible éxito de la economía de Estados Unidos, que en julio encadenará diez años en continua expansión y superará el anterior récord de 120 meses seguidos de crecimiento, previo a la crisis de las puntocom en 2001, durante la era Clinton. La radiografía impresiona y, de paso, le permite a Trump sacar pecho y presumir de que es la mejor economía en la historia de América, nada menos. Se le olvida reconocer que más de la mitad de tamaño logro hay que apuntarla en el haber de Barack Obama. Veamos la cara brillante: EE. UU. disfruta de pleno empleo gracias a la tasa de paro más baja (3,6 %) en medio siglo, los salarios crecen, la inflación se mueve por debajo del 2 %, los tipos de interés están congelados, la vivienda se ha revalorizado un 15 % sobre los precios previos a la Gran Recesión, y no se atisban nubarrones que oscurezcan el índice de confianza del consumidor. En resumen, apuntan los expertos, la economía de la primera potencia planetaria se halla lo más cerca que se puede del nirvana. Y sin embargo comienzan a aflorar síntomas de debilidad asociados, precisamente, a la hoja de ruta de Trump, basada en la desregulación, el feroz proteccionismo comercial y la rebaja de impuestos. En concreto, si ponemos el foco sobre la cara oculta, descubriremos que la recuperación es más tibia que la de los años dorados, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta la crisis del petróleo, en 1972; que los salarios suben desde 2010, sí, pero se concentran en las rentas más altas y alimentan al monstruo de la desigualdad; que el poder adquisitivo es el mismo que hace cuatro décadas y, en fin, que el PIB creció a un ritmo medio anual de un modesto 2,3 % en la última década. En cualquier caso, la diferencia con la Europa de los sacrificios y los recortes es patente. Obama apostó decididamente por incentivar la economía y le fue tan bien que hasta Trump se beneficia. Es una lección que haríamos bien en aprender, porque vendrán más crisis y no deberíamos volver a caer en los mismos y dolorosos errores.