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El Correo Gallego

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EDITORIAL

Galicia, ejemplo de rigor fiscal

15.05.2019 
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LE CUESTA TRABAJO al Gobierno central reconocer que Galicia cumple sobradamente la sacrificada hoja de ruta de control del déficit público, premisa imprescindible para impulsar una recuperación con garantías de la economía. Hacienda acaba de confirmar con un mes de retraso que la Xunta supera con nota todos y cada uno de los parámetros del tridente fiscal; es decir, déficit, deuda y regla de gasto, que es el instrumento que controla la consolidación de gastos estructurales de las autonomías. Aunque los técnicos de la ministra María Jesús Montero discrepan con los del conselleiro Valeriano Martínez en el montante exacto del superávit -104 millones para ellos, 125 millones para el Ejecutivo gallego-, San Caetano tiene por fin vía libre para enviar a Madrid su listado exacto de inversiones sostenibles, que se centrarán principalmente en proyectos para fortalecer la salud de la enseñanza y la sanidad públicas. De hecho, el inquilino de Monte Pío se las ingenió para sortear el bloqueo del superávit con anticipos de tesorería que ha utilizado para obras en centros educativos y para reforzar el operativo contra los incendios forestales. Lo que ha hecho el Gobierno gallego, en puridad, es trabajar con diligencia y tesón para poder reinvertir cuanto antes un superávit generado con políticas fiscales ajustadas casi milimétricamente a las exigencias de Bruselas, lo que conlleva aparejado mucho sacrificio. No ha ayudado al entendimiento entre Hacienda y Facenda que el carrusel de campañas electorales se haya solapado con este delicado asunto. Barruntamos que el Gobierno de Pedro Sánchez se ha dejado arrastrar por el partidismo y ha puesto palos en las ruedas del superávit para opacar el éxito de la gestión sensata y responsable liderada por el presidente gallego. Al final, la realidad se ha impuesto con apabullante rotundidad y ha barrido la estrategia de la ministra Montero y su teatrillo de excusas, excusas y más excusas. Lo que Feijóo llevaba meses reclamándole al Ejecutivo socialista es poder gastar un dinero que es de los gallegos, ni más ni menos. Él pretende blindar con esos millones las tres patas sobre las que se sostiene el renqueante Estado de Bienestar: educación, sanidad y servicios sociales. Ahora podrá hacerlo, lo que sin duda es una excelente noticia para todos los gallegos.