El Correo Gallego

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EDITORIAL

BEATRIZ CASTRO / PERIODISTA

Hay que replantear los Fuegos del Apóstol

21.01.2020 
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AUNQUE la decisión de suprimir el lanzamiento de cohetes desde la plaza del Obradoiro restará vistosidad a la tradicional fiesta de los Fuegos del Apóstol, lo cierto es que en los últimos años la representación se había convertido en un espectáculo de carácter mucho más digital que pirotécnico. De hecho, para disfrutar de la función era necesario acceder de forma obligatoria a la plaza, porque casi todo el atractivo de la misma giraba en torno a las luces y figuras que se proyectaban sobre la piedra de la Catedral, primero, y del pazo de Raxoi, después, con el consiguiente veto a quienes intentaban seguir la fiesta desde la Alameda u otros puntos con vistas al corazón del casco histórico. Sí, es verdad que el montaje audiovisual siempre incluía, a modo de cierre, un par de minutos de tracas de altura plagadas de formas y colores, pero su corta duración sabía cada vez menos a los muchos miles de vecinos y visitantes que recuerdan perfectamente cómo, no hace muchos años, la Catedral entera parecía arder bajo miles de cohetes iluminados y cómo la ciudad olía a pólvora. De aquella no se daba tanta importancia a la conservación del patrimonio histórico y ahora es lógico que se tomen medidas cada vez más férreas frente a los excesos, así que deberemos resignarnos y aceptar que la decisión adoptada por el Ayuntamiento de Santiago, anunciada ayer por el alcalde, es la más correcta y la única sensata. Además, Sánchez Bugallo tiene una ocasión de oro para replantear el espectáculo y volver a dar una fuerza mucho mayor a los fue- gos artificiales de verdad, aunque tengan que ser lanzados desde otros enclaves alejados del Obradoiro. Seguramente así mucha más gente, no solo la que pasa largas horas de plantón en la plaza, podrá volver disfrutar de la noche del 24 de julio. Y de un chou que últimamente, reconozcámoslo, iba camino de parecerse mucho a un concierto en play back.