El Correo Gallego

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EDITORIAL

Insultos, mentiras y hartazgo creciente

11.02.2019 
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¿QUÉ PASÓ realmente ayer en Madrid? ¿De verdad todas las personas que allí se manifestaron estaban claramente alineadas con los neofascistas que quieren volver a la España "en blanco y negro", como han afirmado hasta la saciedad los representantes del pensamiento supuestamente progresista con Pedro Sánchez a la cabeza? ¿Alguien cree que fue, sin más, una marcha a favor de los recortes sociales y de las libertades públicas? Se equivocan de cabo a rabo quienes piensan así, por mucho que en la gran marcha de Colón participasen -para desgracia de la gente moderada- algunos nostálgicos de la dictadura y de la España con bandera única. Los discursos facilones del presidente del Gobierno y de numerosos líderes de izquierda son solo eso, palabras infantiles que intentan ningunear o ridiculizar a quienes no piensan como ellos; es decir, lo mismo que hicieron los analistas conservadores cuando diagnosticaron, hace muy pocos años, que Podemos era un simple grupo de indignados sin causa en busca del voto de "perroflautas". Pues bien, ahora la indignación tiene un signo a mayores y quienes la manifiestan son algo más, mucho más, que "fachas" deseosos de volver a los tiempos del Nodo. Dicho hartazgo, además, está bien fundamentado y recorre las calles cada vez con más fuerza impulsado por personas de todo tipo y condición. Un análisis poco riguroso concluiría señalando que lo único que desean los nuevos inconformistas es que Pedro Sánchez, en el que no confían como garante de la unidad de España, convoque elecciones generales cuanto antes y deje de dar alas a las fuerzas independentistas, pero las razones del hartazgo son muchas más y mucho más complejas. Infinidad de ciudadanos, por ejemplo, están más que cansados de aguantar los insultos y mentiras del movimiento secesionista catalán, de sobrellevar el desprecio con que España, su Constitución y sus leyes han sido tratadas por jueces y políticos europeos que no dudan en poner en solfa nuestra calidad democrática, de ver cómo instituciones tan queridas como la Policía y la Guardia Civil son humilladas constantemente por supuestos defensores de las libertades públicas, de soportar a quienes se dedican de forma profesional a ennegrecer la historia de nuestro país y de comprobar la escasísima preparación de numerosos parlamentarios. Claro que el enfado está fundamentado. Y la mejor forma de enfriarlo es mediante la convocatoria de elecciones generales. Pedro Sánchez tiene la palabra.