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El Correo Gallego

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LA QUINTA

REDACCIÓN

Interés electoral y factura económica

23.09.2019 
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NO LE FALTA RAZÓN a la vicepresidenta, Carmen Calvo, cuando afirma que "en democracia las elecciones nunca pueden ser un fracaso" y defiende que vuelvan a ser las urnas, cuarta vez en cuatro años, las que decidan como se debe salir del bucle actual. Pero la número dos del Gobierno en funciones debería entender que los españoles prefiramos la solvencia democrática de Alemania, país en el que la repetición electoral sería una excepción frente a la arraigada costumbre, también democrática, de Italia donde desde que en 1968, hace ya cinco décadas, Bettino Craxi completó una legislatura. La media de sus gobiernos apenas alcanza los dos años, con las excepciones de Bettino Craxi (1983-1987) y Silvio Berlusconi (2001-2006), y llevan la friolera de 25 primeros ministros distintos, algunos de ellos repitiendo intentonas. Por eso, a la vicepresidenta no debería extrañarle que tantos los medios como los ciudadanos, insistan hasta la saciedad que a más del 90 % decepciona, indigna o preocupa la repetición de elecciones debida a la parálisis política, como podía leerse ayer resumiendo la última de las encuestas publicadas. Un hartazgo comprensible a pesar de que todo el mundo en este país tenía el convencimiento de que el objetivo de Pedro Sánchez, y del PSOE, era empujarnos a las urnas una vez constatado que no iba a poder mantener el estatus del gratis total que le otorgaron populistas e independentistas. Lo hicieron para sacar de en medio a Mariano Rajoy con aquella injustificada e injustificable moción de censura de la que ahora muchos se arrepienten, tras comprobar que el único afán del líder socialista es mantenerse en el poder al coste que sea, mientras el país empieza a dar alarmantes síntomas de desaceleración. Aunque nuestra economía mantenga tasas de crecimiento, actualizadas a la baja por los organismos internacionales esta misma semana, por encima de la media europea las señales que llegan (petróleo más caro, frenazo de exportaciones, brexit sin acuerdo y menos creación de empleo y consumo) son preocupantes. Los expertos lo achacan a que llevamos un año perdido sin acometer las reformas precisas y con un presupuesto, diseñado en 2017 en un escenario bien distinto, que seguirá vigente en 2020 con países como Alemania, Francia o Reino Unido en la frontera de la recesión.

No es fracaso volver a las urnas pero es irresponsabilidad el no gobernar por anteponer intereses electorales. Y eso ya está pasando factura en lo económico.