El Correo Gallego

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Menos ingresos y más gastos: más impuestos

14.02.2020 
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SE LE VIENE ENCIMA AL GOBIERNO de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias una tormenta perfecta que podría dar al traste, o rebajarla, como mal menor, con su ambiciosa hoja de ruta para impulsar políticas sociales que reviertan los efectos de la crisis, que taponen las sangrías de la Gran Recesión en los sectores sociales más desfavorecidos. El Consejo de Ministros aprobó este martes pasado el cuadro macroeconómico que fija las líneas rojas de los Presupuestos Generales del Estado, los primeros de la era Sánchez, y lo que asoma ahí dispara las alarmas. En resumen, el Ejecutivo de coalición rebaja dos décimas su previsión de crecimiento, eleva más de un punto la de la tasa de paro -crecer por debajo del 2 % nunca genera empleo- y relaja el cumplimiento del techo de déficit para darles oxígeno a las autonomías, tras perpetrar el hurto institucional de los 2.500 millones -los necesitan Sánchez e Iglesias para sus cosas como el aire que respiran- de la deuda del IVA. Le toca al Gobierno hacer equilibrios en la cuerda floja de la desaceleración económica, y se le complica conseguir el dinero que le hace falta para sus proyectos sociales. La gallega Nadia Calviño, a quien hay que agradecer su ejercicio de prudencia -para algo es la garante de la ortodoxia que impone la UE-, nos descubre ahora el Mediterráneo cuando desgrana los tres grandes males del tejido productivo español: una tasa de paro que sigue aún muy por encima del 10 %, una deuda y un déficit muy elevados, y una precariedad que alimenta al monstruo de la desigualdad. En este contexto de ralentización de la economía mundial, se complica sobremanera la pretensión de socialistas y podemitas de cambiar ese escenario con la herramienta de los Presupuestos más sociales de nuestra historia reciente. Sánchez e Iglesias tienen encima un problemón: el brexit, las tensiones comerciales entre China y Estados Unidos, y el coronavirus ponen contra las cuerdas el crecimiento de la economía global, y condicionan las políticas pergeñadas por ambos en el pacto que desatascó la legislatura. El cuadro macroeconómico les obliga a hacer encaje de bolillos, a buscar recursos con los que pagar los compromisos de gasto sin violentar los objetivos de equilibrio fiscal, que Bruselas vigila con especial atención. Si los dos socios quieren cumplir sus promesas electorales, tendrán que buscar el dinero debajo de las piedras, y esas piedras tienen un nombre que asusta: aumento de impuestos. No les va a quedar otra, porque los Presupuestos del Estado no son un chicle que se pueda estirar a capricho. A ver qué sale de ahí.