El Correo Gallego

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EDITORIAL

No son un capricho esos 125 millones

16.03.2019 
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QUE HAYA UNA COINCIDENCIA básica -aunque mínima- entre el presidente de la Xunta y el portavoz parlamentario del PSdeG, a favor de la utilización flexible del superávit gallego, debería despejar de obstáculos el placet del Ministerio de Hacienda. En su carta a la ministra Montero, reivindica Feijóo que debe tener premio el firmísimo compromiso de la Xunta con el control férreo del déficit público, y le sobran razones para reclamar ese privilegio. Galicia atravesó el desierto minado de la Gran Recesión apretándose el cinturón del gasto público, con enorme sacrificio y hasta extremos que debilitaron los tres pilares del Estado de Bienestar: la sanidad, la educación y los servicios sociales. Es razonable, y así lo reconocen los socialistas gallegos, que el inquilino de Monte Pío quede liberado de destinar obligatoriamente los 125 millones de superávit presupuestario a rebajar la deuda, y que pueda inyectarlos en la sanidad pública para blindar sus estándares de calidad y el acceso de toda la población. Está bien, asimismo, la petición de otros 170 millones para servicios sociales, a cuenta del cumplimiento a rajatabla de la regla de gasto. Lo que hace Feijóo no es solamente reclamar una compensación, sino poner la lupa en las necesidades más perentorias de una comunidad especialmente castigada por el crac demográfico, con sus secuelas de envejecimiento, más enfermedades y mayor gasto farmacéutico. Es este el minuto justo para que Leiceaga orille sus legítimos intereses partidistas, guarde en un cajón bajo siete llaves sus sospechas y reproches, y haga causa común con el presidente con un mensaje claro a Madrid a favor de esa autorización del Gobierno central. Que exista margen en las cuentas gallegas para reforzar el gasto sanitario, como piensa toda la oposición, no desvirtúa para nada la pretensión del Ejecutivo del PPdeG, sobre todo porque lo que reclama es gastar el superávit sin engordar el déficit público. Cabe aquí recordarle a la ministra que debe decidir con prontitud, que la autorización es sencilla y que los gobernantes eficaces son aquellos que saben interpretar las leyes en beneficio de la sociedad, no los que las aplican a rajatabla, ciegos y caiga quien caiga. Galicia merece el premio a su responsabilidad y su compromiso con el equilibrio fiscal del Estado. Y nuestra sanidad -con escasez de profesionales y listas de espera preocupantes- y nuestros servicios sociales necesitan esos millones que pide Feijóo. Es de justicia, no un capricho.