El Correo Gallego

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EDITORIAL

REDACCIÓN

Obligarles a que se quiten las máscaras

27.01.2020 
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REFLEJA EL ÚLTIMO sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el dato de que la mitad de los españoles (un 49,5%) considera que los políticos en general, los partidos y la política representan el segundo de los problemas más graves de este país. El primero es el paro para un 57,4% de los ciudadanos. Si a ese porcentaje de desafectos le añadimos el 11,8% que sitúan todo lo relacionado con el Procés de Cataluña (tema de índole política) nos encontramos con que nunca antes en este país hubo hartazgo igual con la forma de actuar de quienes nos gobiernan. Se añade el agravante de que muchos de ellos son aquellos que hicieron bandera del cambio generacional para modificar hábitos que el pueblo detestaba antes del recurrente 15-M. Por desgracia, los votantes asumimos que Pedro Sánchez diga que le quita el sueño gobernar con Pablo Iglesias o que éste se refiera al anterior como miembro de un partido que tiene las manos manchadas de sangre y cal viva... para acabar abrazados y pactando un Ejecutivo que se apellida de progreso. Dijo Winston Churchill que "la política hace extraños compañeros de cama". Todos cerramos los ojos y no abrimos la boca ante desmanes que serían censurables en otros órdenes de la vida.

Estuvo estos días en Galicia un político que represente la esencia de este género. José Luis Ábalos, como bien reflejaba ayer este periódico, es capaz de decir una cosa, la contraria, matizar la anterior y la siguiente. Lo de los plazos del AVE es un ejemplo pero no conviene olvidar que el ministro, en menos de 48 horas, facilitó cinco versiones distintas de su encuentro con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Venezuela que tiene prohibido pisar territorio europeo por decisión unánime de la UE. "Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros", sostenía Groucho Marx, referente del influyente crítico Carlos Boyero quien doce horas antes de la Gala de los Goya mudó su crónica cinematográfica por una en la que, bajo el título Máscaras, quiso desenmascarar la actitud de algunos políticos (puso el ejemplo del propio Ábalos junto a Oriol Junqueras o Quim Torra) capaces de cambiar en segundos su "imagen de templanza, racionalidad, firmeza y capacidad dialogante en desafiante y colérica, con un punto de cowboy macarra". Lo peor es que el ministro de Transportes, en vez de un acto de contrición, respondió con un "yo vine para quedarme y no me echa nadie" a aquellos que le afeaban su forma de actuar. ¿Hasta cuándo durará este calvario?