El Correo Gallego

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EDITORIAL

¡Esta ORA es una ruina!

06.12.2018 
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NO LE SALEN LAS CUENTAS -¡sorpresa, sorpresa!- al gurú de la remunicipalización de servicios públicos, cuyo desplome recaudatorio castiga directamente los petos de los vecinos de Compostela, que languidece -Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora/ campos de soledad, mustio collado,/ fueron un tiempo Itálica famosa- bajo el (des)gobierno de Martiño Noriega. El mareante alcalde, que llegó a vender casi como un acto de caridad el rescate por Raxoi de la gestión de la grúa y la ORA -se presentó como el salvador de los empleos y avaló la viabilidad económica de su controvertida operación, tras utilizar su voto de calidad para superar in extremis la oposición de PP y PSdeG-, se estrella ahora con estrépito contra el muro de la realidad.

Él, que en marzo pasado argumentaba indignado que cómo no iba a ser viable economicamente remunicipalizar la hora y la grúa "cando o leva sendo para a iniciativa privada dende hai moitísimos anos", va a tener que explicar por qué el servicio pierde ahora ingresos, por qué la ORA recaudó entre julio y octubre -está en manos de la empresa municipal Tussa desde mediados de junio- cincuenta mil euros menos que en idéntico periodo del año pasado, por qué la grúa dejó de ingresar diez mil euros en ese primer cuatrimestre del servicio remunicipalizado.

No es de extrañar que los concejales socialistas hagan pública su sincera preocupación por la palmaria deriva de un servicio que hasta el martiñazo cerraba su balance anual con un superávit por encima de los sesenta mil euros y que, extrapolando la caída de estos cuatro meses, tiene todas las papeletas para perder en su primer año triunfal cerca de doscientos mil euros. ¡Un negocio redondo, sí señor! El sentidiño nos dice que la remunicipalización es una herramienta que hay que usar con especial cuidado, y siempre para mejorar la gestión y aliviar las arcas públicas. Pues en Santiago no es esa la hoja de ruta, visto lo visto.

A nadie hemos oído decir que la grúa y la ORA funcionan ahora mejor. Al contrario, lo que sí sabemos ya es que nos van a costar dinero, y no poco. Por eso, nos parece que Noriega tiene que salir de su burbuja 2.0, bajar al mundo real y darles a los compostelanos una explicación sobre su empecinamiento -que roza la prevaricación, en opinión de expertos- en poner patas arriba un servicio que funcionaba razonablemente bien, y que no suponía carga para las cuentas de Raxoi. Estamos ante otro dislate más de un gobierno sin rumbo, tan sin rumbo que hasta considera normal que en la capital de Galicia no haya patrullas policiales nocturnas. ¡Qué espectáculo tan tremebundo!