El Correo Gallego

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EDITORIAL

Pedro Sánchez asfixia a las autonomías

13.08.2019 
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Lo viene advirtiendo Feijóo desde hace semanas -los setecientos millones de euros retenidos por el Estado ponen en serios aprietos el equilibrio presupuestario de la Xunta- y ya es un clamor la queja de las autonomías, de todas, ojo, contra la parálisis política que asfixia las arcas de las comunidades. El bloqueo de los 2.500 millones que les corresponden por el IVA de diciembre de 2017 ha puesto en pie de guerra a gobernantes de todos los colores, desde populares hasta socialistas, pasando por independentistas, que por algo la pela es la pela. Pedro Sánchez se enfrenta a otra paradoja diabólica: tras afearle por activa y por pasiva a Mariano Rajoy su incapacidad para actualizar un sistema de financiación que caducó en 2014 -ha llovido lo suyo desde entonces-, está ahora atrapado en idéntico laberinto y no encuentra la salida, o no quiere encontrarla. En funciones y sin Presupuestos Generales del Estado, su Ejecutivo no da con la fórmula que permita respirar a las arcas autonómicas. El propio presidente dio portazo hace menos de una semana al mecanismo para actualizar las entregas a cuenta mediante decreto ley -"mientras no tengamos un Gobierno en plenas competencias, no es legalmente posible plantear ninguna fórmula compensatoria", se justificó-, con lo que el agujero en la financiación de las autonomías se ensancha hasta cerca de los diez mil millones, entre el IVA y la actualización de las entregas a cuenta. En este preocupante escenario, cobra cuerpo la sospecha de que el inquilino de La Moncloa está utilizando la asfixia de las comunidades para presionar al PP y lograr que se abstenga en la investidura, que sigue en el aire y con cada día que pasa menos posibilidades de salir adelante. Los populares están dispuestos a favorecer la convalidación del decreto ley para aprobar el techo de gasto -Rajoy usó esta vía estando en funciones-, liberar recursos e inyectarlos en gasto social. Con todas las comunidades pulsando al unísono la luz roja, Sánchez se compromete ahora a reformar el sistema de financiación autonómica en el primer año de legislatura. Suena su buena disposición a cuento de la lechera, cuando ni siquiera es capaz de avanzar en el pacto de investidura con la izquierda podemita, y cuando hay mucho que negociar sobre la dispersión poblacional, el envejecimiento y el paro estructural, por ejemplo. Entretanto, las autonomías se revuelven, con razón, contra una inestabilidad política y una ausencia de gobernanza que las ahoga.