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El Correo Gallego

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EDITORIAL

Pedro Sánchez y el ejército de los insomnes

21.09.2019 
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AL FIN CONOCEMOS la razón profunda, la madre de todas las razones, por la que Pedro Sánchez se cerró en banda a hacer un Gobierno de coalición del PSOE con Unidas Podemos: "Hoy sería presidente, pero no dormiría por la noche, no estaría tranquilo, como el 95 % de los españoles", si hubiese aceptado las imposiciones -es el término exacto que utilizó en la entrevista que concedió a Antonio García Ferreras en La Sexta- de Pablo Iglesias. Si no fuese porque llega demasiado tarde, agradeceríamos al inquilino de La Moncloa su ejercicio de sinceridad -admitió que comparte "el hastío, frustración y contrariedad" (sic) de los ciudadanos- y su sentido de la responsabilidad al poner la gobernabilidad por delante de un pacto condenado al fracaso, aún a costa de tener que volver a las urnas por cuarta vez en cuatro años. Se lo agradeceríamos, claro, si no fuese porque ya hay muchos españoles que no duermen por la noche, indignados con una clase política que ha dilapidado el último medio año con su sonrojante inacción y sus ridículos postureos. Ya hay muchos españoles que no duermen por la noche, señor presidente, angustiados por cómo llegar a fin de mes. Ya hay muchos españoles que no duermen por la noche, sépalo usted, atrapados en una asfixiante precariedad laboral, cuando no en el pozo negro del paro. Ya hay muchos españoles que no duermen por la noche, en fin, decepcionados con unos líderes políticos que se han desconectado de la realidad y de los problemas que de verdad preocupan a la sociedad. Por eso coincidimos con Sánchez cuando proclama que lo importante es formar un buen Gobierno, que funcione, no cualquier Gobierno; y lamentamos que del dicho al hecho medie un abismo. Reconvertir la inestabilidad y la incertidumbre en concertación y gobernanza se nos antoja, en el escenario actual de ruido y crispación, tarea ciclópea, si no misión imposible. Y sin embargo es más necesario que nunca que nuestra clase política deje el juego sucio y recupere la capacidad de diálogo y de entendimiento en los grandes temas de país, ahora que vuelve a asomar la cabeza el feroz monstruo de la recesión mundial, que Europa deberá digerir un brexit lesivo para todos y que España busca la salida en el laberinto del desafío secesionista. Lo que les pide el ejército de los insomnes es que, si no son capaces de hablar, se vayan a sus casas y nos dejen conciliar el sueño.