El Correo Gallego

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Periodismo de calidad: más necesario que nunca

11.07.2019 
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SI ALGÚN ANTÍDOTO EXISTE para combatir el devastador cáncer de las fake news, con las que las redes infestan el tejido social y lo carcomen, ese es el periodismo de calidad. Desde siempre, la objetividad y el compromiso con la verdad han sido santo y seña de una profesión baluarte de los valores democráticos y argamasa de la convivencia. La eclosión de las fake news –el Diccionario Oxford la escogió como palabra del año en 2017– ha trastocado las reglas y nos ha empujado hacia el peligrosísimo abismo de la desinformación y la falta de credibilidad. Las noticias falsas tienen una mínima parte de verdad que les ayudan a montar un escenario confuso para que los ciudadanos lleguen a conclusiones erróneas, y son cada día más sofisticadas y más difíciles de detectar y desactivar. En pocas palabras, son un problema muy serio ante el que la sociedad debe reaccionar con presteza y contundencia máxima. Francisco Rosell, director de El Mundo, nuestro periódico hermano, acaba de alertar en los cursos de verano de El Escorial de que las fake obligan a los medios, a los benditos periódicos en papel, a embarcarse en una travesía que exigirá un esfuerzo de credibilidad; porque, subraya el prestigioso periodista con ese sentidiño del que siempre  hace gala, “cuando la prensa falla, la nación (la sociedad toda, decimos nosotros) queda desprotegida”. No exagera un ápice Rosell. Las redes han conseguido instalarnos en una realidad paralela, en un Matrix diabólico, en la que nada menos que un 80 % de los comentarios son falsos, están generados por un ejército de robots manipulados para crear tóxicos estados de opinión a la carta. Frente a esto resiste y resistirá la prensa en papel, a la que algunos han querido enterrar. A los medios nos toca ahora hacer honor a nuestra hermosa historia de servicio a la sociedad y reaccionar separando la información de la propaganda, manteniendo el equilibrio y huyendo del sensacionalismo con las dos herramientas más poderosas: noticias veraces y opinión libre. También recuperando el liderazgo de un periodismo digital de calidad y con credibilidad garantizada, una oferta que no puede ser gratis porque, apunta bien el director de El Mundo, “en ningún país lo es”, y porque la información seria y solvente es cara. La hoja de ruta está clara: la verdad como primera obligación, la lealtad a la sociedad, la independencia frente a las fuentes, la fiscalización transparente del poder y la verificación de la noticia. Eso y solo eso es periodismo, un faro que ilumina un mundo mejor y del que sería un fatal suicidio prescindir.