El Correo Gallego

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'¡Piove!, porco Governo; ¡no piove!, porco Governo'

27.03.2020 
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SI NOS ASOMAMOS AL ESPEJO de la inédita sesión del Congreso para prorrogar el estado de alarma, que comenzó a las tres de la tarde del miércoles y se prolongó hasta las dos de la madrugada del jueves, veremos un consenso sólido y también inédito: 321 votos a favor, de izquierdas y derechas, y 28 abstenciones, de independentistas. Lo lógico sería concluir que la inmensa mayoría del arco parlamentario está unida en el reto prioritario, casi único ahora, de contener la pandemia del coronavirus, pero nos equivocaríamos. Si miramos detrás del espejo, descubriremos al primer vistazo que ese consenso en las votaciones poco más es que una ilusión óptica. Pedro Sánchez no se cansó de pedir tiempo, unidad y lealtad, y lo que Pablo Casado le respondió con su catarata de durísimos reproches es que la unidad durará exactamente lo que el Gobierno tarde en levantar el estado de alarma, que la lealtad será la justa y necesaria, pero ni un gramo más, y que el tiempo de gracia se le ha terminado al presidente, si es que lo tuvo alguna vez en esta crisis sanitaria de consecuencias dantescas para todo el planeta. Siendo entendible el estado de cabreo que exterioriza el líder del PP -recoge el sentir de una parte de la sociedad y, de paso, evita que Vox se apropie de esa bandera-, creemos que son palmaria mayoría los españoles que quieren ver a sus representantes políticos unidos en esta guerra, y con los legítimos intereses partidistas de cada cual guardados en un cajón bajo siete llaves. Los italianos tienen un dicho que retrata la delicada situación de Sánchez y sus ministros en la gestión de esta pandemia: ¡piove!, porco Governo; ¡no piove!, porco Governo. Es decir, haga lo que haga, tiene el Ejecutivo central todas las papeletas para ser el saco de los golpes, tanto de la oposición furiosa cuanto de los ciudadanos indignados. Ocurre que en circunstancias excepcionales como la del ataque del coronavirus deberíamos tirar de sentidiño y recordar una de las frases legendarias de Mariano Rajoy: "En esta vida no todo depende del Gobierno". Lo compartimos al cien por cien, lo que no nos impide reclamarle al presidente que se centre en lo prioritario -garantizar recursos suficientes a un sistema de salud debilitado por los recortes durante la Gran Recesión, e inyectar liquidez para que no se pare la economía- y a la oposición, que colabore codo con codo, sin reservas. Tiempo habrá para hacer autocrítica y para pasar al cobro facturas pendientes.