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EDITORIAL

PISA y los achaques del modelo educativo

04.12.2019 
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PONE LOS PELOS DE PUNTA lo que aflora el Informe PISA. Algo falla con estrépito en los sistemas educativos de los países de la OCDE, el club de los ricos, cuando apenas uno de cada diez estudiantes es capaz de diferenciar entre el dato y la opinión, o cuando uno de cada cuatro es incapaz de completar las tareas de lectura más básicas, o cuando veintidós de cada cien no alcanzan el nivel mínimo en ciencias, o cuando veinticuatro de cada cien están por debajo en matemáticas, o... No es ningún consuelo que España figure entre los trece países para los que "no se pudo establecer ninguna mejora o declive significativo en ninguna de las materias" -ni fu ni fa, o sea-, como no lo es, si ponemos la lupa en nuestro pequeño mundo, que un escolar gallego vaya tres cursos por delante de uno ceutí. Merece aplauso, por supuesto, que Galicia haya mejorado razonablemente desde 2006 en comprensión lectora, en matemáticas y en comprensión científica, pero el chequeo a 36.000 alumnos de 1.102 centros de todo el Estado muestra una radiografía preocupante, con demasiadas zonas oscuras. En concreto, no es una buena noticia que España haya obtenido sus peores resultados en ciencias y que se estanque en matemáticas, y tampoco lo es que los alumnos españoles de 15 años caigan por debajo de la media de la OCDE. Por mucho que la pérdida de calidad de los sistemas educativos no sea un fenómeno exclusivo de España, que evidentemente no lo es, lo indiscutible es que entre las causas del deterioro aquí no hay que descartar, más bien todo lo contrario, los recortes en educación que todavía arrastramos de la Gran Recesión, el enfriamiento de la economía, la inestabilidad política, el malestar social y la inacción en la gobernanza. Como telón de fondo de tan complicado escenario, la Lomce, la ley que impuso a sangre y fuego el exministro Wert, que aumentó las cargas burocráticas del sistema y que -coinciden muchos expertos y PISA les da la razón- tiene un efecto tóxico sobre la calidad de la enseñanza. Los malos resultados del último informe tienen que ver con que los test obligan a explicar fenómenos, diseñar experimentos e identificar pruebas, justo lo que no se practica en la mayoría de las aulas españolas. Es la hora de abrir un debate sobre la masificación en los centros, la formación permanente del profesorado y el cambio de modelo en la manera de dar las clases y de aprender: menos memorizar y más razonar. Pero, para avanzar en la reforma educativa, hace falta un Gobierno sólido y estable. Y la cosa no tiene trazas.