El Correo Gallego

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EDITORIAL

Del porno a los crímenes machistas

12.06.2019 
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DOS NOTICIAS GOLPEAN conciencias y nos ponen delante del retrato incómodo de una sociedad que se mueve entre la pérdida de valores tradicionales y la irrupción de nuevos códigos, nuevos retos, nuevos peligros. Porque peligroso e inaceptable es que la mayoría de los jóvenes españoles accedan ya a la pornografía con apenas quince años, y que algunos tengan el primer contacto con ese submundo a los ocho. E inaceptable y peligroso es que acabemos de digerir -si es que esto se puede digerir- el asesinato de violencia machista número mil desde que en 2003 se creó el registro oficial de víctimas. Entre Diana Yanet, a quien su pareja arrojó por el balcón de su casa de Fuengirola la noche de Reyes de aquel año, y Beatriz Arroyo, acuchillada en Valencia este lunes pasado, hay una larga historia de horror y tragedia, también de impotencia y fracaso de las instituciones y de la propia sociedad para erradicar una lacra inaceptable. Algo estamos haciendo muy mal si nos dejamos ir, indolentes, hacia un modelo social de pornonativos, si permitimos que sea Internet quien marque la hoja de ruta de la educación sexual de nuestros hijos. Algo no funciona como debiera, es evidentísimo, cuando solo veinticinco de cada cien madres y padres son capaces de hablar de sexo con su prole, cuando nos escandalizamos con la idea de una asignatura obligatoria de educación sexual en los colegios, o cuando dejamos que los odiadores profesionales linchen en las redes a la diputada más joven del PSOE -Andrea Fernández se llama- por pedir que el consumo de porno en España esté regulado por ley. A falta de estudios concretos y definitivos, sospechamos cada día con más fuerza que existe una relación directa de causa/efecto entre la paupérrima educación sexual de los españoles y el monstruo de la violencia machista. ¿A dónde conduce que nuestros niños descubran la pornografía antes incluso que su propia sexualidad? ¿A dónde que se aliente un modelo de relación trufado de vicios machistas y, a la postre, brutal? Conduce, digámoslo sin medias tintas, a que el vídeo porno más visto, con muchos millones de descargas, sea el de una violación en grupo. Y conduce, de alguna manera, a que en estos tres lustros de registros oficiales hayamos alcanzado la tóxica cifra de mil mujeres asesinadas en el infierno de la violencia machista. No llega con gritar basta en las calles. Toca actuar, con mejor educación y con leyes más eficaces.