El Correo Gallego

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EDITORIAL

Preguntas (con perdón) a los huelguistas del CHUS

12.01.2019 
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¿HAY ALGUNA EXPLICACIÓN racional que nos permita entender por qué el servicio de Urxencias del Clínico de Santiago lleva nueve semanas en huelga? ¿La hay para justificar que las ofertas de la gerencia del CHUS no satisfagan las demandas de incremento de personal y medios, y de reorganización? ¿Se alimentan las protestas de argumentos relacionados estrictamente con la mejora de la asistencia sanitaria, o están contaminadas por los intereses partidistas que han comenzado a aflorar en esta precampaña electoral que puede hacérsenos interminable? ¿Tiene alguna base sólida la denuncia judicial de O'Mega por la muerte de dos pacientes en Urxencias, el 2 de enero, o lo que busca el sindicato médico es empitonar a la gerente sin importarle dejar destartalado el prestigio del CHUS? Nos parecen preguntas (con perdón) pertinentes para hacer luz sobre un conflicto que la cúpula del Clínico quizás no valoró correctamente en sus inicios, pero al que lleva semanas aportando diálogo y soluciones que los huelguistas desprecian, tal vez ensoberbecidos a lomos de la marea blanca que recorre Galicia y que ha puesto en alerta a la mismísima Xunta. Negar que las movilizaciones se sostienen sobre pilares sólidos -los recortes de una década de crisis resquebrajaron los estándares de calidad de la sanidad pública- sería no querer ver la realidad. Mutatis mutandi, despreciar los esfuerzos innegables del Sergas para mejorar la Asistencia Primaria y del CHUS para reforzar Urxencias es la constatación palmaria de que la politiquería desvirtúa la legitimidad de las protestas. Los huelguistas del Clínico entregaron ayer en la Consellería de Sanidade las firmas recogidas en apoyo a sus reclamaciones, y este lunes próximo votarán la última oferta que les hizo la gerencia y que se resume en cubrir el servicio con dieciocho puestos, suficientes para atender todos los turnos en todos los días del año. Quizás no colme ese imposible ideal en el que se atrinchera el comité de huelga, pero nos parece la respuesta posible para garantizar la calidad asistencial en un área vital del Clínico. Exigirles al presidente Feijóo y al conselleiro Almuíña que intervengan directamente es intentar embarrar el campo de juego, y trasladar el problema al corazón de la Administración es una patada por elevación para salpicar al Gobierno gallego. Dicho en roman paladino: huele a partidismo ramplón y no se sostiene frente a la mano tendida del equipo de Eloína Núñez. Sería buena cosa que los huelguistas reflexionasen sobre el apoyo social real a sus demandas, muy lejos de las cuentas de la lechera que nos quieren vender. Y deberían, sobre todo, pensar menos en clave electoral, de desgaste de Feijóo, y más en los usuarios de la sanidad pública.