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LA QUINTA

REDACCIÓN

Más pulgas en el perro flaco de las pensiones

11.10.2018 
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QUE A PERRO FLACO todo son pulgas lo acaba de confirmar esta misma semana el secretario de Estado de la Seguridad Social, en la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo, y lo ha remachado la ministra de Trabajo. El perro flaco es nuestro anémico sistema público de pensiones y las pulgas, los agujeros por los que se escapa a caño abierto el dinero (insuficiente) que lo sostiene. Octavio Granado no se anduvo con paños calientes en el Congreso: "La situación del Fondo de Reserva es de todo menos halagüeña". Tampoco ocultó Magdalena Valerio una realidad alfombrada de minas: "Espero no tener que sacar mucho dinero del Fondo de Reserva" para pagar la extra navideña a los pensionistas. Al margen de las pullas del actual Gobierno socialista a la gestión del de Mariano Rajoy -tuvo que sacar casi 75.000 millones para poder cubrir los subsidios, en los peores años de la Gran Recesión- por invertir mal el dinero de la hucha, lo realmente importante es cómo apuntalar la sostenibilidad del sistema. No se trata solo de que el Fondo esté en las últimas, sino de que lo que ingresa la Seguridad Social por el capítulo de cotizaciones de los trabajadores no alcanza para cubrir el coste de los subsidios. De hecho, la ministra ya ha admitido que en 2019 el Gobierno tendrá que volver a endeudarse -el crédito pedido en 2017 superó los 10.000 millones, y en 2018 se acercó a los 14.000 millones- para financiar los ineludibles compromisos de la Seguridad Social, que deberá asumir, a mayores, el incremento decidido del 1,6 % en las pensiones para este año y el próximo. El problema -problemón, en puridad- lo resumió Granado con claridad meridiana: "Hay un gasto real que se tiene que hacer, pero no hay asiento contable en los Presupuestos". En pocas palabras, aguantar del recado de las reivindicaciones del ejército de jubilados, en pie de guerra en las calles de España, obligará al Gobierno a endeudarse más, sí o sí. Es un atajo para salir del paso, quizás el único posible tal como están las cosas, pero de ninguna manera es la solución para blindar la necesaria viabilidad del sistema público de subsidios. Y lo peor es que nadie en el Pacto de Toledo termina de animarse a dar el paso adelante para ponerle el cascabel de la reforma al gato de las pensiones.