El Correo Gallego

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EDITORIAL

Sigue ahí el dinosaurio de la crisis

16.09.2018 
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SI ALGUNA DUDA QUEDABA sobre la tormenta perfecta que vuelve a amenazar la estabilidad de la economía global, las despejan todas gurús tan acreditados como el nobel Paul Krugman, el expresidente del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet o David Wyss, responsable de previsiones económicas de Standard & Poor's durante el colapso financiero que desencadenó la Gran Recesión. Advertimos ayer mismo en este espacio editorial sobre las lecciones no aprendidas de diez años de crisis. Nos matiza Wyss: "Probablemente olvidaremos todo lo que aprendimos con el derrumbamiento de Lehman Brothers". Y apunta a España, entre otros países europeos, cuando alerta de lo que se nos viene encima: "La próxima crisis tendrá una cara diferente". ¿Tremendismo, análisis apocalíptico? No lo parece. El mismísimo Trichet coincide en el pronóstico y afina un poco más: "Estamos allanando el camino para la próxima crisis por la deuda". Falta saber por qué, por culpa de quién, dónde y cuándo, pero ocurrir ocurrirá más pronto que tarde. La economía global no ha taponado sus vulnerabilidades y el sector financiero, pilar básico del sistema, ha regresado a toda prisa a los días de vino y rosas, sin que parezcan preo-cuparle demasiado las evidencias de debilidad. ¿Cuál es la reflexión de Krugman sobre este escenario? Basicamente, que la crisis financiera no fue más que un síntoma de un problema más grande: el estallido de una gigantesca burbuja inmobiliaria; que el colapso exigía políticas de fomento del gasto, con aumento de las inversiones públicas y bajada de impuestos; y que los paganos fueron los trabajadores -para variar-, con millones de empleos volatilizados en un mercado anémico y atrapado en el pantano de la precarización. Sabemos que, a pesar de todos los errores, Estados Unidos salió del pozo antes y con menos heridas que la Unión Europea, encorsetada en las políticas de austeridad impuestas por Alemania con puño de hierro. Todo eso es ya historia, sí, pero ahora que vemos luz al fondo del negro y larguísimo túnel, debería preocuparnos la alegría con que olvidamos los años de sangre, sudor y lágrimas; y deberíamos repasar a fondo las lecciones de esta década de sombras. Porque el dinosaurio seguirá ahí, ¡ay!, cuando despertemos de la pesadilla de la Gran Recesión.