El Correo Gallego

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EDITORIAL

Tocan a rebato Alemania y Bruselas

19.04.2019 
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MALÍSIMO ASUNTO -mucho peor que el guirigay del dichoso debate electoral, con Vox, sin Vox o con mediopensionistas- este de las luces rojas que en Alemania han tenido que encender porque su economía no carbura bien, con evidentísimas y ya indisimulables señales de agotamiento. Al motor de Europa poco le falta para gripar. El Gobierno de Angela Merkel -menuda despedida agridulce y complicada le aguarda a la canciller de acero- admite que el frenazo va a ser mucho mayor de lo esperado y acaba de recortar su previsión de crecimiento para este año justo a la mitad, del humilde 1 % al raquítico 0,5 %. En España, mientras, los árboles de la campaña y esta crispación creciente entre los líderes políticos no nos dejan ver el bosque de la economía, azotado por vientos que presagian tormenta de desaceleración, en el mejor de los casos, y que ya veremos si no acaban por empujarnos al abismo de otra crisis, cuando aún sangran las heridas por los zarpazos de la Gran Recesión. El caso es que Alemania se frena y que su debilidad dispara las alarmas en toda la UE, especialmente en los países del poderoso club de la eurozona. Y es que, al fin y al cabo, las enfermedades que padece el tejido productivo germano no son exclusivas de la superpotencia que luce el rol de locomotora de la vieja Europa. ¿Acaso no sufre España, sin ir más lejos, las dañinas consecuencias de la ralentización, provocadas por el dislate del brexit y por las guerras comerciales de Estados Unidos contra China y contra la UE, que Donald Trump alimenta desde su escenario favorito: el del ruido y la furia? ¿No tenemos que lidiar aquí con las nuevas normas europeas anticontaminación, que lastran sectores clave como el de los automóviles y el químico? ¿No se enfrenta la economía española al imparable envejecimiento de la mano de obra, y al recorte de inversiones en infraestructuras e innovación? Compartimos con Alemania, está claro como el agua clara, problemas muy serios que vampirizan nuestro tejido productivo y que lo dejan peligrosamente debilitado. Además, con agravantes: el precarizado mercado laboral español no goza de la salud germánica, ni los salarios son tan dignos, ni el consumo privado luce tamaña fortaleza. Con debate o sin él, esto es lo que nos espera, más o menos, cuando las urnas del 28 de abril dicten sentencia. Por si quedaban dudas, ayer volvió Bruselas a poner el dedo en la llaga: lo que España necesita es una mayoría estable, tras casi un lustro sin gobernanza sólida. A buen entendedor...