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Camilo Caeiro Quintans, un soldado compostelano en Annual

de todos es sabido que nuestra querida España es un país que se esfuerza por olvidar su pasado. Somos una sociedad instalada desde hace algunos años en una dinámica de olvido, tanto de las grandes gestas, como de aquellos fracasos que han marcado nuestra historia reciente. Hoy se cumplen cien años de la derrota más grande de nuestro ejército en los tiempos modernos. El llamado “Desastre de Annual”, en él perdieron la vida más de 10.000 españoles y cuya consecuencia mas significativa fue el advenimiento de la dictadura del General Primo de Rivera, dos años más tarde.

La falta de conmemoraciones oficiales hace que estos hechos de gran importancia histórica pasen sin prácticamente mención, salvo cuando a los mismos le ponemos cara y las palabras son sustituidas por la imagen de las personas y familias que los sufrieron. Y eso es lo que nos proponemos con estas letras, rendir homenaje a todos los soldados que perecieron en aquel desastre, en la persona de un compostelano, Camilo Caeiro Quintans.

Camilo nació en Santiago de Compostela el 10 de abril de 1898 en el seno de la numerosa familia que formaron Camilo y Dolores. En un año marcado por otro desastre, la derrota en la guerra con los EE.UU y como consecuencia, la pérdida de la isla de Cuba y Filipinas. Fue el primero de los descendientes de este matrimonio, junto con su hermana gemela Josefa. Después de sus años en la escuela, entró a formar parte de la plantilla del Diario de Galicia, como aprendiz de tipógrafo, hasta que en Mayo de 1.916, se vio envuelto en un grave incidente, del que terminaría absuelto gracias al trabajo del abogado Luis Porteiro Garea, presidente de las “Irmandades da Fala”de Santiago, concejal agrarista y catedrático de la USC. Esta absolución marcaría de forma fatal su destino.

Como otros mozos de su edad, formó parte del reemplazo de 1919. Su región militar, la 8ª, debía aportar al cupo de aquel año 1216 reclutas de los 7188 que habían sido asignados a la Comandancia General de Melilla. Del cupo general fueron destinados a las tropas de intendencia 213 reclutas, 36 pertenecientes a la región militar de la cual formaba parte Camilo. Los reclutas tras recorrer la península en tren llegaron a Málaga, desde donde partieron a Melilla el 5 de marzo de 1920 en el vapor J.J. Sister. Formaron aquella expedición 1100 gallegos, ovetenses y leoneses, muchos de ellos jamás realizarían el viaje de vuelta.

Al finalizar su período de instrucción es destinado a la posición de Haman en primera línea de fuego, en donde coincide, en una suerte de “comunión” con el Comandante General de Melilla, General Fernández Silvestre, cuando había acudido a este puesto avanzado para dirigir las operaciones militares en aquel sector. Camilo era el encargado de elaborar el pan fino para los oficiales y generales, de las columnas que operaban en el frente. Pan que comió aquel día el General Silvestre.

Su situación cambia rápidamente, y de la dureza de la vida en campaña, pasa a ser destinado a la posición de Avanzamiento, en la retaguardia, donde realiza su labor a las órdenes del capitán Carlos Ripoll González Travesedo. Nuevamente el destino se vuelve en contra y el 15 de julio, Camilo Caeiro, parte de Avanzamiento donde servía en el depósito de intendencia, con destino Annual. En carta escrita el 12 de julio les comunica a sus padres que partirá al frente junto a su capitán. El viaje le llevaría dos días. Los últimos kilómetros eran especialmente duros, había que sortear la subida al Izumar que desembocaba en Annual. No era el mejor destino para los soldados, el ruido de artillería y fusilería se estaba tornando habitual y Melilla se hallaba a más de cien kilómetros. Annual era cabecera de la circunscripción del mismo nombre y a pesar de su provisionalidad se había convertido en una gran base avanzada en primera línea, muy cerca de las posiciones que ocupaban la extrema vanguardia, Igueriben, Buymeyan y Talilli.

Al llegar Camilo a su destino se incorporó al depósito de víveres, situado tras el emplazamiento de la batería de montaña y las ametralladoras de posición. El depósito lo mandaba desde el día 17 de julio el capitán Carlos Ripoll González-Travesedo, de su mando dependían 1 cabo y 28 soldados de intendencia, todos (salvo el capitán) pertenecientes a la 1ª compañía de plaza. Al incorporarse Camilo a su destino la situación militar había empeorado produciéndose con frecuencia ataques a las posiciones de vanguardia, especialmente sobre Igueriben que días después quedaría cercada.

El lunes 18 de julio Camilo Caeiro escribió a su familia. Tengo la certeza de que sobre su ánimo ya sobrevolaban funestos presagios. Los combates del día previo, la más que probable visión de los cuerpos de los fallecidos y los heridos atendidos en hospital de campaña, en las proximidades del depósito de intendencia, debieron impresionar a todos los presentes. La carta de Camilo contiene tinte de despedida, se advierte desde que en las primeras líneas trata de tranquilizar a sus padres, consciente de la situación. Informa a la familia sobre los combates del día anterior y el gran número de bajas entre las tropas indígenas.

“Hay tiroteo todo el día y la noche, los cañones no paran de disparar ni un solo momento y los aeroplanos igual pero yo estoy muy bien, estoy en el mismo destino y con el mismo capitán y con las mismas condiciones que tenía”.

Para poder reconstruir aquellos momentos tan solo contamos con el testimonio del capitán Ripoll, al que refiere Camilo, que no aporta nada relevante hasta el 22 de julio, los días previos, según declaró tuvieron que soportar una gran carga de trabajo debido sin duda a la masiva llegada de tropas.

Los cañones a los que se refería eran las baterías del regimiento Mixto, tres de montaña y una ligera, nada menos que 16 piezas, la mayor concentración artillera de toda la comandancia. En cuanto a las tropas citar que el estadillo confeccionado el día 14 por el coronel Argüelles recoge que eran casi tres mil hombres los que ocupaban los tres campamentos que formaban la base. A ellos, habría que sumarles los que se fueron incorporando. Al producirse la retirada el 22 de julio los efectivos sumaban más de 5.500 hombres.

El ensordecedor sonido provocado por las salvas de artillería llamó poderosamente la atención de Camilo que comparó la algarabía reinante con los fuegos de artificio que se disparaban en Santiago la noche del 24 de julio. Es sin duda un momento de evocación, le invade la añoranza al recordar agradables momentos de su vida. Los fuegos de artificio y los gigantes y cabezudos que desfilaban el día del patrón en la Plaza de Quintana.

“No les molesto más, me mandan a decir si recibieron el pañuelo que les mandé y les ruego que no tengan pena y que estén tranquilos pues aquí estoy muy bien y muy contento y aquí da mucho gusto estar pues hay muchas fuerzas y parece el fuego del Apóstol, pues es mejor que la fachada de las doce por la noche, y por el día parece que salen los gigantes en la plaza de la Quintana”.

Tras esta breve referencia al pasado la carta vuelve a la cruda realidad, la mortífera sinfonía de la artillería y las bajas causadas en los combates convierten el último párrafo en una sentida despedida. Camilo recuerda a toda su familia, amigos e incluso vecinos. No queda duda de que negros nubarrones de cernían sobre sus pensamientos, tal vez por ello escribe hasta en cuatro ocasiones que se encuentra bien. Las cartas que hasta entonces había escrito las firmaba como Camilo, sin más. El 18 de julio firmó Camilo Caeiro y fue su última carta. En abril había cumplido 23 años.

Desde entonces no disponemos de información fidedigna para saber qué fue de él en sus últimos días. Los combates para abastecer Igueriben se sucedieron el 19 y el 21 causando un altísimo número de muertos y heridos. El 21 al mediodía tras no conseguir las columnas abastecer al destacamento se produce el abandono de la misma.

Según el testimonio del capitán Ripoll el día 22 fue requerido por el coronel Francisco Manella que le ordenó abandonar el depósito de víveres sin incendiarlo para no llamar la atención de los rifeños. Los soldados del depósito deberían unirse a las tropas de ingenieros cuando éstas abandonaran el campamento. El capitán ordenó a sus hombres partir sin más impedimenta que el fusil, el oficial solo llevó consigo una cantidad en metálico y la documentación del depósito.

El capitán resultaría herido en la retirada. En tal estado llegó a Dar Drius de donde sería evacuado a Melilla. Imposible resulta saber en qué momento falleció Camilo, desconocemos si fue el mismo día o en las retiradas posteriores. De los 28 hombres que servían el depósito de víveres fallecieron once.

Por su actuación de conjunto recibirían la Comandancia de Melilla y la 1ª Comandancia de Tropas de Intendencia los primeros estandartes del Cuerpo, la distinción les fue entregada en Melilla el 3 de abril de 1922, día que no olvida el arma de Intendencia al que pertenecían Camilo y sus compañeros.

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