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Ghaleb Jaber: "El pueblo árabe lidera una histórica revolución"

La crisis global ha puesto en tela de juicio un sistema basado en regímenes corruptos y dictatoriales // El estallido se produjo al cerrarse el caudal de fondos que mantenía a las repúblicas hereditarias

XAVIER NAVAZA SANTIAGO   | 01.02.2011 
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Ghaleb Jaber Martínez
Ghaleb Jaber Ibrahim (derecha), con su hijo Rahid, ayer, en la Fundación Araguaney
FOTO: Ghaleb Jaber Martínez

Ghaleb Jaber Ibrahim, gallego de origen palestino, es una de las personas mejor informadas de nuestro país sobre todo cuanto sucede en el mundo árabe. Observador de las dos realidades, árabe y occidental, preside la Fundación Araguaney Puente de Culturas y mantiene contactos habituales, al más alto nivel, con la política y la diplomacia de las dos orillas del Mediterráneo.

Profundo conocedor de la opinión y del pulso vital de las calles árabes, su primera frase es determinante: "La sociedad civil ha salido a la calle: es la gente, el pueblo llano, sin banderas ideológicas ni religiosas, que ha puesto en marcha una revolución de dimensiones históricas".

Durante mucho tiempo, añade, "a los pueblos árabes se les ha negado la posibilidad de desarrollar su propia conciencia, su propia voz, ejercer la libertad y hasta los derechos humanos más básicos y esenciales". Y quienes "les han negado todo eso, absolutamente todo, son regímenes políticos dictatoriales que han sido diseñados y mantenidos durante décadas para servir a los intereses de los países occidentales".

El triángulo occidental. En los labios de Ghaleb, Occidente incluye a Europa y a los Estados Unidos de Norteamérica, junto a Israel, un triángulo poblado de intereses comunes y compartidos: "Son ellos quienes, a lo largo de la historia, han promovido el asentamiento de gobiernos que actúan como gendarmes de su política económica en el mundo árabe".

Hasta ahora, los países occidentales han "vendido" a sus ciudadanos "una falsa imagen de lo árabe: una imagen distorsionada e irreal, donde todo se ha mezclado para proyectar la idea de un pueblo no democrático, fanático, que se merecía vivir bajo el yugo de regímenes dictatoriales".

El objetivo, sostiene Ghaleb, era transmitir la idea de que "el pue-blo árabe era el único culpable de su propia situación". Ya no es así. La crisis económica y social que golpea a las sociedades del mundo occidental, ha frenado y en ocasiones eliminado el caudal de fondos económicos que las metrópolis de Europa y América destinaban a apuntalar las dictaduras.

"El dinero occidental mantenía estructuras de corrupción profundamente asentadas en repúblicas hereditarias o monarquías ilegítimas que las convirtieron en un gran negocio familiar". La crisis global ha puesto en tela de juicio todo ese sistema: "Ahora escasean los recursos, incluso desaparecen a una velocidad de vértigo, pero las familias que se aprovechaban de la situación no han renunciado a sus beneficios, de manera que lo poco que llegaba a manos del pueblo ha dejado de llegar: el pan, los mínimos elementos que permitían la precaria subsistencia de la gente... han desaparecido". He ahí la causa profunda de cuanto acontece.

La situación ha llegado a un punto en que la gente ya no tiene nada más que perder: "Le han quitado el pan y la dignidad por la cual mueren, pero al menos lo hacen en la calle y cuando ellos quieren, no en las celdas de las cárceles de las dictaduras". En ese contexto se produce la revolución: "El pueblo ha decidido salir a la busca de su propia libertad, ha decidido tomar el futuro con sus propias manos". ¿Habrá un efecto dominó en el mundo árabe, provocado por el efecto de las experiencias de Túnez y Egipto? "Los déspotas", responde Ghaleb, "tienen razones para estar muy preocupados".

Es posible que los llamados Estados rentistas, es decir, Arabia Saudí y los países del Golfo Pérsico, mantengan las actuales estructuras de poder, porque allí, al menos, el pan está garantizado y los Estados Unidos tienen una presencia militar directa en la zona: "Pero la revolución también llegará a esos países, aunque tal vez sea por otros motivos".

La amenaza se cierne sobre Marruecos, Yemen, Jordania, Argelia, Siria, tal vez Libia y en su momento Iraq, además de los territorios palestinos, donde el desempleo y la miseria se abaten sobre los jóvenes de un modo brutal.

La llaga de las Intifadas. "La historia de las dos intifadas está allí, viva y permanente, como una profunda llaga histórica que muestra hasta dónde puede llegar gente cuando ya no le queda nada por perder". Tras el telón alzado en Túnez y Egipto, está en juego la estabilidad de una de las zonas geopolíticas más sensibles del planeta. De lo que suceda en Egipto, además de Siria y Jordania, depende la estabilidad de Israel y los intereses que Norteamérica, Inglaterra y Francia mantienen en la región. Hoy, las fronteras de Israel se sitúan en Jordania y Egipto, además de la frontera invisible que marcan los territorios palestinos (Cisjordania y Gaza): "Y si algo cambia en esas fronteras", dice el presidente de la Fundación Araguaney, "la estabilidad de la zona estará en entredicho".

El contagio y el tiempo. A partir de entonces, el contagio en todo el mundo árabe tan solo será cosa del tiempo: "Lo más peligroso, a la hora de anticipar una evolución futura de los acontecimientos, es el hecho de que el pueblo ha salido a la calle de un modo espontáneo y en países donde la oposición política es débil y está muy poco organizada".

Washington, París, Londres, Madrid... nadie sabe a dónde puede conducir todo: ¿La clave está en la actitud que el Ejército adopte en los distintos países árabes? "Siria, Jordania y Argelia tratan de prevenir la llegada de la ola, a través de ayudas al pueblo que canalizan sus Fuerzas Armadas.

En Jordania, por ejemplo, los militares están repartiendo comida. Y en Siria, tanto los militares como los funcionarios han comenzado a recibir el pago de salarios atrasados". Pero todo eso no será suficiente: "La salida del túnel se encuentra en un proyecto político nuevo, más participativo, con presencia de la oposición y de la gente. Las dictaduras del mundo árabe están en un callejón sin salida".

EL CINISMO DE WASHINGTON, LONDRES Y PARÍS

••• Ghaleb Jaber Ibrahim critica con dureza especial "el cinismo y la hipocresía" de las principales cancillerías de Occidente: "Cuarenta y ocho horas después del estallido", dice, "se han apresurado a cambiar sus apoyos históricos, recomendando ahora la apertura de una transición democrática que negaron e impidieron durante décadas".

••• A su juicio, Washington, Londres y París "deben cambiar las líneas directrices de su política hacia Israel". Tras la puesta en marcha del proceso revolucionario árabe está la memoria trágica del pueblo palestino: "Occidente", sostiene Ghaleb, "no puede seguir tomándole el pelo a la gente como ha hecho hasta ahora, engañando de un modo sistemático tanto a los árabes como a los ciudadanos europeos".

EN EL EJÉRCTO ESTÁ LA CLAVE DEL FUTURO

••• Ha habido muertes, demasiadas, pero las víctimas no han caído por la acción de los oficiales del Ejército tunecino o egipcio: "Los muertos se deben a la acción de los sistemas policíacos y represivos de ambos países, creyendo que así impedirían el desarrollo de los acontecimientos". El Ejército, por el contrario, se mantiene como enlace con el pueblo llano que lucha por su dignidad humana en las calles.

••• Las Fuerzas Armadas guardan las claves del futuro y entre sus funciones determinantes está el papel que pueden desarrollar para que "no se desborden los movimientos populares", afirma el presidente de la Fundación Araguaney. La imagen de la proximidad de los militares hacia la gente se repite cada día en medio de la tensión.