Santiago
+15° C
Actualizado
martes, 26 octubre 2021
10:59
h

La guerra en la tierra, el cielo puede esperar

Los talibanes han sabido explotar todo tipo de ventajas, tácticas y estratégicas. Y así, tras la invasión de Irak por los EE. UU., que culminó en su tercera gran derrota militar tras las de Corea y Vietnam, y acabará con la retirada total de sus tropas de ese país en 2021, viendo que los estadounidenses habían desplegado en Irak 155.000 soldados, mientras solo quedaban 27.000 en Afganistán, comenzaron a reorganizarse.

Para aumentar su popularidad relajaron las prohibiciones de todo tipo. Así mientras en su gobierno anterior habían cerrado todas las escuelas no religiosas y prohibido la educación de las mujeres, destruyendo 200 escuelas y matando a decenas de estudiantes y profesores entre 2001 y 2006, sin embargo, ahora vuelven a permitir la educación no religiosa de los niños, lo que no quiere decir que hubiesen cambiado sus ideas acerca de la educación.

De la misma manera, dejaron de insistir sistemáticamente en el martirio como camino seguro al Paraíso, para defender que la guerra debía de hacerse con inteligencia y planificando las operaciones. Tenemos un caso muy sintomático. Los talibanes deben llevar obligatoriamente barba y su afeitado es castigado, pero uno de sus líderes, viéndose acosado, decidió afeitársela antes que ser capturado. Era la propia ley religiosa la que en Afganistán no permitía los atentados suicidas, pero los teólogos comenzaron a justificarlos porque eran muy efectivos, ampliando de este modo tan curioso su interpretación del islam.

Poco a poco los talibanes se dieron cuenta de que el dogma se podía dejar de lado a cambio del éxito militar o la popularidad lograda moviéndose con soltura en el ciberespacio. En él atacaron al gobierno pastún, aun siendo ellos pastunes. Y así han conseguido ir creando unas estructuras de mando y gobierno que les permiten tener ya un auténtico gobierno paralelo dispuesto a tomar el poder, por las armas o la capitulación del actual gobierno, del que exigen la renuncia inmediata del presidente Ghani como condición indispensable para una negociación en la que su constitución para el nuevo emirato islámico tampoco está sujeta a opinión.

Los talibanes han aprendido a manipular los medios de comunicación y la información. Así, por ejemplo, han utilizado a las poblaciones civiles como escudos humanos, favoreciendo que las tropas de la OTAN causasen numerosas bajas colaterales en el bombardeo de los pequeños núcleos que iban ocupando, y de los que los occidentales no los querían desalojar asumiendo bajas propias. Es muy curioso que el número de bajas talibanes hasta el 2020 haya sido de unos 83.000 soldados, las del ejército afgano de unos 74.000 y las de los EE. UU. y la OTAN solo de 3.500. Ese balance lo han sabido utilizar en los medios para acusar a Occidente de abuso de sus armas y potencia de fuego. Y a veces lo han hecho con medios sutiles, como retirar las armas de sus combatientes caídos, para hacerlos pasar por civiles e incrementar así el número de víctimas.

Se cree que, como fanáticos que son, los talibanes siguen ciegamente a un líder, pero no es exactamente así. Cuando muere un líder lo ocultan, a veces por meses, hasta que resuelven sus rencillas por el nuevo liderato. El gobierno ha intentado dividirlos, favoreciendo la creación de facciones, pero el efecto logrado ha sido el contrario, porque han salido reforzados, mientras lo que se debilitaba era el gobierno. Como ha dicho uno de sus líderes: “no dependemos del gobierno. Es el gobierno el que depende de nosotros. Creen que nos utilizan, pero somos nosotros los que los utilizamos a ellos, porque nos vamos apoderando de sus medios para lograr nuestros fines”. Y es que las facciones talibanes afines que reciben toda clase de suministros del gobierno pasan a cambiar de opinión acerca de él nada más recibir la ayuda de ese gobierno al que llaman la “marioneta de Occidente”, y a sus funcionarios “esclavos del esclavo”. Los talibanes han recibido ayuda militar de un gobierno cuyo responsable de seguridad nacional, Hamdullah Mohib, ha nombrado asesora con un sueldo de 20.000 dólares mensuales a su mujer, que además vive en los EE. UU.

No se sabe hasta qué punto el gobierno ha conseguido infiltrase con sus servicios de información entre los talibanes, pero sí está claro que los talibanes lo han conseguido. Cada vez tienen más simpatizantes en el Ejército Nacional y en la Policía, aunque no han logrado infiltrase en las más altas esferas de estas instituciones. A día de hoy, los talibanes disponen de unos 80.000 combatientes, poseen unos ingresos ingentes de la ayuda internacional y de la protección mafiosa que prestan a industrias como la explotación minera, y ya no digamos del comercio del opio. A ello se añaden sus ingresos religiosos en concepto de diezmos y limosnas, y la propia protección mafiosa de las aldeas de los 400 distritos que ya están bajo su control a lo largo de todo el país.

Los talibanes, reconocidos como interlocutores legítimos en la esfera internacional por los EE. UU., la OTAN, China, Turquía, Rusia, Pakistán y muchos países árabes, consiguieron en febrero de 2020 la liberación de 5.000 prisioneros, condenados por la comisión de crímenes gravísimos. Ahora exigen la de los 7.000 restantes como señal de buena voluntad. El gobierno afgano ya sabe que la liberación anterior solo sirvió para reforzarlos con nuevos combatientes endurecidos ya por el combate, y por eso quiere negarse a esa nueva excarcelación, que sería el prólogo a su definitiva caída.

Casi todas las fronteras del país están en manos de los talibanes. Tienen rodeadas las principales ciudades, en cuyo interior tienen también combatientes y simpatizantes. Pueden lograr la rendición y la compra de unos soldados que se sienten manipulados por un ejército que los maltrata y que ni siquiera garantiza la entrega de sus cadáveres a las familias, que acuden cuando pueden a recoger a sus muertos. Como el presidente Ghani no se fía de sus tropas, está armando selectivamente a los viejos señores de la guerra que protagonizaron la salvaje guerra civil tras la retirada soviética. Muchos de esos señores no son menos crueles que los propios talibanes y saquean por igual. Practican todo tipo de abusos y están movidos por el odio étnico que puede hundir al país en el caos. Un resultado que parece preferir Ghani al triunfo de los talibanes, con los que está dispuesto a compartir el poder.

Occidente ha abandonado a Afganistán de un modo vergonzante, tras haber ocupado el país 20 años y gastado ingentes cantidades de dinero en unas mejoras que nadie puede negar, pero que ya hace tiempo que comenzaron a debilitarse, minadas por la corrupción. Los EE. UU. abandonaron la gigantesca base de Bagram sin previo aviso, diciendo al ejército afgano que podía hacerse cargo de ella. La encontraron vacía y llena de materiales destruidos. No hubo relevo en el mando, ni las banderas fueron arriadas e izadas para simbolizarlo. Cualquier militar sabe la deshonra que eso supone y por eso muchas voces militares y civiles están protestando por todo este proceso. En la rueda de prensa del presidente Biden, anunciando el abandono total de Bagram, unos periodistas le gritaron: “Uncomplished Missión”, o sea, misión no cumplida, o derrota. Tartamudeando decía: “It is not true, it is not true”, “es mentira, es mentira.” Al preguntarle si se fiaba de los talibanes, contestó al periodista “por supuesto que no. ¿Esa pregunta va en serio?”. Buena base para la negociación política que pide.

Según Biden, las misiones a cumplir en Afganistán fueron dos: mandar a Bin Laden a las puertas del infierno, lo que por cierto ocurrió en Pakistán en una operación clandestina, violando el espacio aéreo y la soberanía pakistaní; y acabar con Al-Qaeda, que sigue cada vez más viva, junto con las restantes marcas del terrorismo yihadista. Si los talibanes toman el poder en ese estado paria, como le llamó el secretario de Estado de los EE. UU., se sentirán reforzados y serán un ejemplo para todos los movimientos terroristas.

Que nadie crea que lo que vaya a pasar en Afganistán se quedará en Afganistán. Afganistán se convertirá en un estado gobernado por un grupo terrorista que aplastará a las mujeres y a las minorías del país. Allí será donde se incubará el huevo de la serpiente.

17 ago 2021 / 01:01
  • Ver comentarios
Noticia marcada para leer más tarde en Tu Correo Gallego
TEMAS
Tema marcado como favorito
Selecciona los que más te interesen y verás todas las noticias relacionadas con ellos en Mi Correo Gallego.