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Londres se paraliza para dar sepultura a la que fue su reina 70 años, Isabel II

Miles de personas se instalaron en calles aledañas al Palacio de Windsor para ver el cortejo fúnebre // Unos 500 jefes de Estado y líderes internacionales dieron ayer su último adiós a la soberana

Una semana y media después de su fallecimiento, todo Londres paró su actividad este lunes para dar sepultura al cuerpo de la que fue su reina durante setenta años, Isabel II. El funeral de Estado en memoria de su majestad y el posterior entierro significaron el último adiós a la era isabelina. Tras la multitudinaria asistencia a la capilla ardiente en el Palacio de Westminster y con una ciudad blindada, nadie, ni ciudadanos ni autoridades, quiso perderse una despedida por todo lo alto, al más puro estilo británico.

Isabel II murió el pasado 8 de septiembre en su castillo de Balmoral (Escocia), después de que su salud se viese resentida en estos últimos meses y apenas dos días después de nombrar primera ministra a la conservadora Liz Truss, que fue la encargada de leer ayer un fragmento del Evangelio de Juan durante el funeral. La reunión entre ambas fue la última imagen pública de la reina.

Habían pasado nada menos que 70 años desde el fallecimiento del anterior rey, Jorge VI, y aunque la mayor parte de la ciudadanía no vivió los actos de entonces, el Gobierno y la Casa Real contaban ya con un protocolo detallado que determinaba qué hacer en los diez días posteriores a la muerte de Isabel II.

Ni el Gobierno, encabezado por Truss, ni el nuevo rey, Carlos III, se salieron ni un ápice del guión, por lo que el monarca tuvo que realizar una gira por todos los territorios que conforman el Reino Unido y establecer de forma organizada el traslado de los restos de Isabel II, primero a Edimburgo y luego a Londres.

Precisamente, el protocolo concluyó en el día de ayer, el décimo, con el funeral de Estado, que arrancó una vez se cerró la capilla ardiente, habilitada desde el miércoles en la sede del Parlamento y por la que pasaron centenares de miles de personas para despedirse, llegándose a registrar tiempos de espera de hasta 14 horas y colas de hasta 8 kilómetros de distancia. La sala se cerró a las 6.30 horas (7.30 en España) de la mañana de ayer.

Unas cuatro horas después, a las 10.35, miembros de la guardia real volvieron a coger el féretro para trasladarlo, a bordo de un carro de armas y acompañado por música de gaitas tocada por miembros de regimientos escoceses e irlandeses, hasta la abadía de Westminster, en la capital de Escocia.

El Gobierno invitó a todos los ciudadanos que lo deseasen a acercarse a la ruta, aunque advirtiendo de antemano que los desplazamientos dentro de Londres serían muy complicados. De hecho, desde las primeras horas todas las áreas reservadas para que el público pudiese ver la procesión tras el funeral estaban llenas. Mucha gente por las calles portaba también ramos de flores en sus manos y otra vestía de luto riguroso.

La procesión, en la que iban el nuevo rey Carlos III y sus tres hermanos –Ana, Andrés y Eduardo–, así como sus hijos, los príncipes Guillermo y Enrique, concluyó a las 10.52, momento en el que el cortejo entró en la abadía, donde ya estaban aguardando todos los invitados. Las puertas del templo llevaban abiertas desde las 8.00 horas y en su interior se acogió a unas 2.000 personas.

Entre los asistentes, unos 500 jefes de Estado y líderes internacionales, se encontraban los reyes de España, Felipe VI y Letizia, así como la totalidad de las casas reales europeas y los líderes de la Commonwealth y de otros países que se sienten especialmente cercanos a Reino Unido, como por ejemplo el presidente estadounidense, Joe Biden, o el francés, Emmanuel Macron. Y en representación de la UE, acudió la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

PRESENCIA DE LOS PEQUEÑOS PRÍNCIPES JORGE Y CARLOTA. Por parte de la familia real británica, sorprendió la presencia de los pequeños príncipes Jorge y Carlota, de nueve y siete años, hijos de los príncipes de Gales, que también quisieron despedir a su bisabuela. Acudieron de la mano de su madre, la princesa de Gales, Catalina, y de la reina consorte, Camila.

El reparto de invitaciones correspondió al Gobierno británico, que se reservó el derecho a vetar a ciertos países, atendiendo a criterios políticos. No pudieron acudir Rusia, Bielorrusia, Birmania, Afganistán, Venezuela ni Siria, mientras que países como Irán o Corea del Norte si podían envíar a alguien, pero a nivel de Embajada.

LA ABADÍA DE WESTMINSTER COMO SÍMBOLO. Ya en Westminster, el cuerpo de la reina fue colocado sobre una cureña de la Royal Navy de 1901, tirada con cuerdas por más de cien marineros de la Marina, mientras que por detrás caminaban el rey Carlos III y sus tres hermanos, la princesa Ana y los príncipes Andrés y Eduardo, así como los príncipes Guillermo y Enrique, nietos de Isabel II.

La elección de la Abadía de Westminster como escenario del funeral ya resultó en sí mismo un símbolo, puesto que el templo no acoge un acto de este tipo desde 1760, tras el fallecimiento de Jorge II. La propia Isabel II eligió esta abadía, que ya fue testigo de su boda y de su coronación, para facilitar una asistencia masiva, como así ha sucedido.

El funeral tras la muerte del marido de Isabel II, el príncipe Felipe, se celebró, sin embargo, en la capilla de San Jorge, en Windsor, en un ambiente más íntimo, aunque sí se organizó una misa posterior en la Abadía de Westminster, a la que asistió la entonces reina. Su imagen solitaria por las restricciones de la pandemia dio la vuelta al mundo.

Sí se celebraron en Westminster, en cambio, los funerales de la madre de Isabel II, en 2002, y de la princesa Diana, en 1997, a pesar de que esta última ya no estaba casada por entonces con el ahora rey. El deán de Westminster, David Hoyle, resaltó en el arranque de la misa el “duelo”, pero también el “profundo agradecimiento” hacia Isabel II, subrayando la “larga vida de servicio altruista”. “Con admiración, recordemos su sentido de deber y la dedicación de por vida a su pueblo”, destacó.

TRASLADO A WINDSOR. El funeral de Isabel II concluyó con dos minutos de silencio en todo el país marcados por una llamada de corneta alrededor de las 12.00 horas del mediodía, antes de volver a iniciarse otro cortejo fúnebre a la salida de la Abadía de Westminster. Los miembros de la familia real acompañaron de nuevo al féretro, en este caso hasta el Arco de Wellington, en la esquina sureste de Hyde Park, donde esperaba el coche fúnebre. El Big Ben, la célebre campana de la torre del palacio sonaba a intervalos de un minuto durante la procesión.

Pasadas las 15.00 horas, el convoy llegó a Windsor, a 35 kilómetros al oeste de Londres, y, poco antes de las 16.00, el féretro con los restos de Isabel II fue aupado de nuevo para introducirlo en la capilla de San Jorge, tras recorrer en procesión a pie los 5 kilómetros del Long Walk, la característica avenida arbolada que desemboca en la residencia real. El deán de Windsor ofició un servicio religioso en presencia de unas 800 personas.

Finalmente, el entierro como tal tuvo lugar a las 19.30 horas, en una ceremonia privada. Los restos de Isabel II reposan ahora junto a los de su marido, el príncipe Felipe, que falleció el pasado mes de abril de 2021, y que fue inhumado inicialmente en una sepultura provisional a la espera del fallecimiento de la reina. La losa de mármol de su sepultura está grabada con las palabras: ‘Elizabeth II 1926-2022’.

gran reto
Desafío de seguridad sin precedentes

··· La capital británica fue durante estos días una ciudad parcialmente paralizada en su zona centro por las colas masivas para entrar a la capilla ardiente. Miles de policías vigilaron el correcto desarrollo de una espera que, para algunas personas, supuso estar prácticamente un día a la intemperie. La Policía Metropolitana ya había asumido que el funeral de Estado sería “el mayor evento único” a nivel de fuerzas de seguridad que se hubiese celebrado nunca en Londres. El subcomisario de Scotland Yard, Stuart Cundy, reconoció que los desafíos a nivel operativo fueron “enormemente complejos”, superiores a los de los festejos por el reciente Jubileo de Diamante de Isabel II o incluso por los Juegos Olímpicos de 2012. Las autoridades instaron a los ciudadanos a limitar sus movimientos este lunes, ya que varias estaciones de metro permanecían cerradas. Numerosas empresas también anunciaron el cierre de tiendas en un día declarado festivo por orden de Carlos III.

19 sep 2022 / 21:45
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