Santiago
+15° C
Actualizado
lunes, 06 diciembre 2021
10:32
h
Ayuso, la gran ganadora, apunta a cotas mayores // El error de Redondo torpedea a Sánchez // Iglesias dice adiós en su cuna // Ciudadanos acelera en su descomposición TEXTO Íñigo Caínzos

Mientras haya bares, que se quite la política

Madrid es España dentro de España, y por eso todos tenían puestos los ojos en lo que pasaba en la capital. Después de una campaña infame, llegó una noche de sorpresas, vuelcos y grandes protagonistas. Isabel Díaz Ayuso, la gran vencedora; Iván Redondo, el estratega que creyó que podía fulminar al PP, retratado; Sánchez, tan protagonista durante los inicios de la campaña, desaparecido en escena; y Pablo Iglesias, el diputado más efímero de la Asamblea de Madrid, anunciando su retirada.

CAMPAÑA INFAME. Desde el mismo momento en que se convocaron las elecciones, la campaña fue infame, de escaso nivel y de nulas aportaciones políticas. No se habló de planes, de cómo mejorar la vida de los madrileños. Los envíos de balas a políticos dejaron marcada una campaña que no será fácil (y que no se debería) olvidar.

Ayuso dio el primer paso con el celebrado “socialismo o libertad”, y acabó con miles de militantes del Partido Popular gritando “libertad, libertad”, a las puertas de Génova. Como si en algún momento, en Madrid, hubieran dejado de ser libres. Algunos de los discursos no hubieran desentonado en la América republicana de hace unos meses en otra campaña frenética.

Claro que la izquierda no solo no hizo nada por hablar de política, sino que rizó el rizo, con el “fascismo o democracia” y la apelación al miedo para llamar a las urnas. Hubo movilización de récord, cierto. Pero para impulsar al PP que ganó en la práctica totalidad de los municipios de la comunidad.

AYUSO, UNA VICTORIA POR APLASTAMIENTO. La candidata del PP se sabía fuerte. Apostó por una gestión de la pandemia en la que priorizó salvar la economía aunque costasen más vidas y más contagios. Triunfó. Desde el minuto uno se convirtió en la principal oposición al Gobierno central. Ayuso exacerbó el nacionalismo madrileño y enfervorizó a sus votantes e indecisos.

La contundente victoria en las urnas la pone en una posición de privilegio en el tablero político de la derecha, y como firme aspirante al trono de Pablo Casado. El presidente de los populares respiró, al fin, tras meses muy complicados en los que se le acumulaban las noticias preocupantes: la mayoría de Feijóo, el representante del “otro” PP; la debacle de Cataluña. La victoria de Ayuso le da tregua. La justa mientras no vuelvan a sonar vientos de cambio sobre su sucesión. Desde hace semanas, y más desde la noche del martes, el “ayusismo”, que no el “casadismo”, parece la receta para acabar con el “sanchismo”.

EL FRACASO DE REDONDO. Una mañana de marzo, en Moncloa creyeron que podían terminar de hundir al PP tras la debacle catalana. Los populares estaban moribundos. Casado, arrinconado. Ayuso, clamando en el desierto.

Iván Redondo, el aclamado estratega de Sánchez, creyó que era el momento: una doble moción de censura en Murcia. Ayuso, que dijo que veía venir el peligro, vio en realidad la oportunidad de reafirmarse y de deshacerse del peso muerto de Ciudadanos. El fracaso socialista fue rotundo: una fallida moción en la Región de Murcia y un estrepitoso batacazo electoral en la Comunidad de Madrid.

GABILONDO, HUNDIDO E INCÓMODO. Voces críticas en Ferraz esperaban un gesto de Ángel Gabilondo, un paso atrás que no llegó en la noche electoral. Al candidato socialista lo hundieron los suyos en una campaña trampa. Gabilondo nunca se supo mover en la confrontación. Se le vio incómodo durante toda la campaña, no fue capaz de llevar el debate a las propuestas políticas, y no convenció apuntándose a la reivindicación de la democracia. Tampoco se le vio muy cómodo tendiéndole la mano a Iglesias: “Pablo, tenemos doce días para ganar”, dijo. En una entrevista admitió que “a veces hay que hacer lo que uno no quiere hacer”.

La campaña orquestada desde La Moncloa fue una campaña para gloria de Sánchez y no para el triunfo de Gabilondo. Como si lo primero no dependiese de lo segundo. En las urnas, los madrileños no castigaron a Gabilondo con los peores resultados de la historia del PSOE en Madrid, relegados a tercera fuerza. Dijeron que “no” al modelo de Sánchez frente al de Ayuso en unos resultados difícilmente extrapolables al resto de España, pero que suponen un aviso para el Presidente del Gobierno.

LA AGONÍA DE CIUDADANOS. Edmundo Bal compareció con elegancia y con entusiasmo. “Esto no se acaba aquí”, decía. Unas palabras difíciles de pronunciar para quien venía de ser portavoz en el Congreso, se enfrascaba en una campaña en la que no tenía hueco, y lastrado por las decisiones de su cúpula.

Esta vez fue Arrimadas, como en 2019 pensó Rivera, quien se creyó que podía sentenciar al PP. En aquella ocasión, el ex líder rechazó pactar con el PSOE para gobernar porque así, creía, lograría ser el líder de la derecha. En esta, la todavía líder creyó, o quiso creer, que pactando con el PSOE la doble moción murciana podrían revivir.

Ciudadanos pasó en 2019 de tener más de 60 escaños a quedarse con 10. En 2021 pasaron de vicepresidir la Comunidad de Madrid a no tener un solo representante en su Asamblea. Rivera dimitió entonces. Arrimadas, en cambio, no compareció, ni siquiera para acompañar a su peón sacrificado. Solo apareció para un último abrazo.

IGLESIAS CIERRA EL CÍRCULO. Pablo Iglesias fue el gran protagonista de la campaña de Madrid. El salvador de Podemos, amenazado con desaparecer, precisamente en su cuna. La última oportunidad para la reafirmación de un líder lastradado por sus propias contradicciones. El hombre que sacudió los cimientos de la política española, que cambió el mapa político. El líder que derribó el bipartidismo y que acabó pagando en sus carnes el incremento de una tensión sin precedentes.

Iglesias trató de explotar el miedo al “fascismo” y a la escalada de violencia verbal jaleada desde Vox. Pero su estrategia no solo no funcionó, sino que fortaleció el discurso de Ayuso. Logró salvar a Podemos, mejoró sus resultados, pero cortó las alas de Más Madrid y facilitó la campaña de agitación desde la derecha.

Y, acabado el escrutinio, volvió a convertirse en el gran protagonista individual de la noche, al anunciar que dimitía de todos sus cargos. Cierra un círculo de éxitos y decepciones en la cuna de su proyecto.

MÁS MADRID, ALTERNATIVA. En medio de una izquierda desnortada, Más Madrid emerge como un soplo de aire fresco y con una figura al alza. Mónica García se convirtió en la revelación y promete batalla para las elecciones de 2021.

El proyecto iniciado por Íñigo Errejón vuelve a coger vuelo en su lugar fetiche. Hereda el mensaje ilusionante del Podemos inicial, con la cara amable que representa la que, desde el martes, es la líder de la oposición en la Asamblea de Madrid.

05 may 2021 / 12:48
  • Ver comentarios
Noticia marcada para leer más tarde en Tu Correo Gallego
TEMAS
Tema marcado como favorito
4M
Selecciona los que más te interesen y verás todas las noticias relacionadas con ellos en Mi Correo Gallego.