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lunes, 03 junio 2024
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Desazón de los gallegos fuera de Galicia

La cuarentena fue más dura lejos de la familia // El cierre de fronteras fue sinónimo de ‘prisión’ para varios jóvenes estudiantes o trabajadores residentes en las principales ciudades de España

El confinamiento ha sido duro para todos, no cabe duda de ello. Semanas y semanas interminables encerrados en casa sin ver un rostro amigo, una cara familiar o simplemente experimentar el mínimo contacto social.

Ahora bien, en casa, rodeado de los tuyos, la situación puede hacerse más llevadera, ya que en ocasiones difíciles la familia es un punto de apoyo esencial. Ahora, imagina, ¿qué sucedería si te encontrases a cientos de kilómetros de tus parientes? ¿Solo en otra ciudad? ¿Qué pasaría si, además, esa ciudad tuviese una situación mucho peor de la pandemia que tu localidad natal?

A estos desafíos se han enfrentado cinco jóvenes gallegos que, ya fuese por estudios o trabajo, residían fuera de la comunidad gallega cuando estalló el estado de alarma, se cerraron fronteras y el retorno se hizo imposible para ellos.

Sin duda, en lo que todos coinciden es en que lo más duro es no saber realmente cómo están los tuyos, el verte desamparado y no saber cuándo podrás volver a verles, el tener que subsistir solo en una gran ciudad donde las muertes se suceden sin cesar y los días pasan lentamente entre las calles desiertas de asfalto.

Todos echaban de menos en esos momentos Galicia, el verde de sus montes para poder tomar el aire en las aldeas, las casas en vez de sus pequeños pisos donde el confinamiento todavía resultaba más insoportable, y la cercanía de un entorno conocido.

La morriña gallega existe, existió y existirá siempre, pero en situaciones complicadas, parece multiplicarse todavía más.

Gallega afincada en Madrid
“El ‘qué tal’ de la familia durante el confinamiento no era como antes”
Gallega afincada en Madrid
Antía Reino

Santiago. “Trabajo en un medio de comunicación en Madrid y pese a estar al tanto de la expansión del coronavirus, al principio no lo veíamos tan real, era como que estaba muy lejano, y no queríamos ver tampoco lo que estaba pasando aquí, pese a que en el metro se notaba que había tensión y, días antes de que saltase el estado de alarma, cuando cerraron los colegios, todos veíamos que se avecinaba algo grave”, cuenta Antía Reino, gallega residente con su pareja en Madrid, que considera que, “igual que ahora hay fases de desescalada, antes también hubo fases para el propio confinamiento, hasta que todo el mundo entró en pánico, como si fuésemos ratas enjauladas”.

Respecto a volver a Galicia, “yo decidí quedarme en Madrid desde el principio, incluso cuando toda la ciudad comenzó a desalojarse y a quedarse prácticamente vacía, lo ví como una responsabilidad personal”. “Me impactó mucho ver Malasaña sin gente, vivo justo en el centro y siempre está todo lleno de vida y de música, porque siempre hay algún artista callejero tocando”, recuerda.

“Los pisos de Madrid son muy pequeños, hubiese sido mejor el confinamiento en casa, en A Coruña, al lado de la playa, en Galicia, pero no podía hacerlo, no debía aunque quisiese”, y añade que “como casi toda mi familia está en Galicia, excepto mi hermano, en Reino Unido, y aquí la situación era peor, era inevitable que me llamasen para preguntarme ‘qué tal’”. “Y ese ‘qué tal’ de antes del confinamiento ya no era el de después, notabas la diferencia en el tono de preocupación con el que te lo decían”, asegura.

“Dentro de lo que cabe tuve la suerte de poder seguir trabajando aquí, aunque fuese teletrabajando, ya que la situación ahora es difícil para muchas personas, yo tuve que convertir el salón de mi casa en una oficina”, apunta la joven gallega.

Tiene previsto volverse una semana en agosto, ya que en abril no pudo hacerlo, y está deseando “pisar la playa, pasear, ver el mar... Yo soy de costa, así que es lo que más echo de menos”.

Gallega afincada en Barcelona
“Era horrible ver la calle desierta, hasta prefería quedarme en casa”
Gallega afincada en Barcelona
Laura Parada

Santiago. “Vivo cerca de una calle con cuatro carriles de coches y los primeros días de confinamiento en que salía al supermercado y la veía vacía no me gustaba, incluso prefería estar en casa, porque el sentimiento al salir era horrible”, relata Laura Parada, una estudiante gallega que estaba realizando su máster en Barcelona cuando surgió el brote de coronavirus. “A finales de febrero ya veíamos que cada vez había más casos y, recuerdo, que el estado de alarma se decretó un sábado, tras el cierre de colegios el viernes previo, y, en mi caso, el jueves tenía una clase y ya me dijeron que se iba a paralizar”, explica Laura. “Así hasta hoy”.

Vive en el centro de la ciudad, en un piso junto a dos compañeras más. “El primer mes de confinamiento estuvimos muy bien, porque cada una seguía haciendo sus actividades y estábamos acompañadas, pero después, una de las chicas, que es italiana, por miedo a no poder regresar a Italia, decidió marcharse”, apunta la gallega, que admite que, “incluso a mí se me pasó por la mente el irme, pero no me compensaba, porque sabía que tendría que regresar para hacer los exámenes y luego igual no era viable volver”.

Al tratarse de una gran ciudad, la desescalada ya ha comenzado a la grande: “el otro día me encontré en una cafetería a todos bien juntitos, sin distancia de seguridad ni nada, la gente respeta el uso de mascarilla, pero no la distancia”.

Laura también cuenta que, “en mi universidad, todo fue un caos al principio, porque no sabían muy bien cómo materializar la conversión a lo digital y una semana estuvimos sin clase”.

Ahora, calcula que “a finales de junio todavía estaré en Barcelona, pero en cuanto acabe los exámenes me iré”. Su principal deseo es “ver a mi familia, a la que llevo sin visitar desde enero, pese a que ellos no hicieron cuarentena como tal, sino que iban y venían de sus trabajos, por lo que esto me permitía estar más tranquila”.

“Lo que más echo de menos es mi casa, mi gata, mi perro, mi casa con espacio verde...”, asegura.

Gallego afincado en Barcelona
“No creo que volvamos a ver la ciudad callada en mucho tiempo”
Gallego afincado en Barcelona
Yago Grela

Santiago. “En Barcelona siempre hay muchos turistas, mucho movimiento, es una ciudad muy viva y muy grande, y de repente, el verla vacía, con los establecimientos cerrados, sin gente por las calles, escuchar el silencio desde el balcón... Sin duda fue lo que más me impactó, porque no creo que volvamos a ver las ciudades tan calladas en mucho tiempo”, comparte Yago Grela, un vigués que convive en Barcelona junto a su pareja, ciudad en la que también tiene actualmente su trabajo.

En su caso, la noticia del cierre de fronteras le llegó a través de “la televisión, viendo las declaraciones de Pedro Sánchez”. “Recuerdo que esos días fue todo muy rápido, yo el día antes, un viernes, me había ido de la oficina pensando que sería un fin de semana normal y que el lunes volvería a mi mesa, y de eso ya van a hacer casi tres meses”, relata.

Yago también recuerda su preocupación, porque “en Vigo tengo a toda mi familia y estaba preocupado, por un lado, porque no quería que les pasara nada y, por otro, porque no sabía cuándo los podría volver a ver, así que menos mal que existen las nuevas tecnologías”.

Respecto a si tuvo intención de regresar, el gallego apunta que “no tuve mucho tiempo de reacción, además decidí quedarme en Barcelona porque es donde trabajo y tengo a mi novia”.

“El ser humano tiene una capacidad de adaptación increíble: un mes antes de que empezase el estado de alarma en España estuve de viaje en Corea del Sur. Allí todo el mundo llevaba ya mascarilla y había que desinfectarse las manos, quién me iba a decir que meses después Barcelona estaría igual”, sonríe.

Tiene muchas ganas de “volver a ver a la familia” y “tan pronto las fases lo permitan iré a Galicia, el primer fin de semana que pueda”.

Gallego afincado en Canarias
“Ahora puedes escuchar el mar, impensable con el habitual ruido”
Hugo García
Gallego afincado en Canarias

Santiago. ”A finales de diciembre escuché algo en prensa sobre el Covid-19, pero nunca se me va a olvidar durante la cena de fin de año, cuando trabajábamos, y mi compañero nos enseñó un vídeo en YouTube de cómo construían el hospital de Wuhan para dar servicio a las personas infectadas, eso se me ha quedado marcado”, recuerda Hugo García, noiés afincado en Tenerife.

Explica que, “entre los primeros casos que llegaron a España estaba el de La Gomera, y se produjo el cierre de un hotel aquí en la isla, pero aún no le dábamos mucha importancia al tema”.

En su caso, “vivo en el hotel donde trabajo, y fui uno de los componentes del equipo mínimo para trabajar en el confinamiento, algo único, porque vivimos distintas situaciones que no se repetirán y tuvimos que trabajar duro en el mantenimiento con recursos limitados”.

Sobre la conciencia social, Hugo argumenta que “la gente que conozco ha sido bastante respetuosa con la cuarentena y yo estuve 30 días sin salir para nada del hotel, pero creo que más por no enfrentarte a una multa que por miedo”. “Hay historias graciosas de gente en la isla bañándose a las que el helicóptero bajaba a multar, o alguien escondido en la playa y se le aparecía la policía”.

“Ahora, la zona más turística de Tenerife parece un pueblo fantasma. Evidentemente, no queremos que esto se mantenga, pero sí tiene cierto encanto para disfrutar del lugar con menos gente, hasta puedes escuchar el mar, algo impensable normalmente con el ruído”, comenta, y asegura que “incluso algunos animales marinos se acercaron más de lo habitual a las costas”.

Desde diciembre no ve a sus padres y desde septiembre no viene a Galicia, por lo que cuando el trabajo lo permita intentará venirse a Noya.

Gallego afincado en Ibiza
“¿Volver a Galicia? La conexión siempre ha sido mala y los vuelos caros, antes y ahora”
Gallego afincado en Ibiza
Sergio Sande

Santiago. “Aquí estaba todo muy calmado hasta que estalló el segundo caso de Covid-19, precisamente en mi empresa, a una amiga mía que de hecho había estado pocos días antes en mi casa, y cuando se enteraron nos mandaron a todos los que estábamos trabajando en el hotel para casa a guardar cuarentena y teletrabajar, sobre mediados de marzo sería”, asegura Sergio Sande, santiagués residente desde hace unos años en Ibiza.

Respecto a las diferencias de haber pasado la cuarentena en Ibiza a como se imagina que podría haber sido en España, Sergio cuenta que “la única gran diferencia era el tiempo, aquí fue muy bueno, por lo que la gente que tenía casa con jardín, como era mi caso, podía disfrutar del sol”. Y, “ahora, la desescalada, aquí es una gozada, porque aunque no he parado de trabajar desde entonces, estoy muy bien aquí”.

Asimismo, considera que el estar en una isla no es un hándicap a la movilidad, ya que “presenta los mismos problemas ahora que antes: ahora puedo cambiar de isla y próximamente podré viajar a Galicia, pero las conexiones siempre han sido muy malas y los precios muy elevados”. “Lo único que echo de menos de Galicia es la comida, porque sé que mi familia está siendo muy precavida y está bien”, afirma Sergio.

Además, asegura que “la única diferencia que noto aquí en Ibiza es que está todo muy tranquilo, cuando ya debería estar lleno de turistas que, aunque llegarán, no serán nada en comparación con otros años, porque este destino de sol, playa y discoteca, ahora solo se queda con el sol y la playa”.

Aún así, cree que “cuando vengan habrá un rebrote, pero no tengo miedo, porque en mi opinión todos vamos a pasar por el virus”. Tiene previsto venir a Galicia, pero aún no tiene claro cuándo.

20 jun 2020 / 00:46
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