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lunes, 14 junio 2021
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Portugal sigue al borde del colapso

Con cinco veces menos población que España, en el pico de la tercera ola registró la mitad de contagios que nuestro país: 16.452 frente a 38.937; y cifra similar de fallecidos: 303 frente a 415

Nuestro país vecino, Portugal, que fue uno de los territorios europeos que mejor sobrevivió a la primera ola del coronavirus, se ha visto ahogado en esta tercera, teniendo incluso que solicitar ayuda extranjera para poder atender a la gran cantidad de pacientes hospitalizados e ingresados en uci.

Pero, al igual que ha pasado en España, la curva de contagios ya ha comenzado a doblegarse y la tendencia al descenso se ha hecho evidente.

En concreto, este viernes el país luso registró 2.854 casos de coronavirus. Esta es la cifra más baja de positivos desde el pasado 16 de octubre (2.608), hace más de cuatro meses.

Cabe recordar que el pico de casos se alcanzó el 28 de enero, con 16.452. Para comprender lo que esto significa, el pico en España fue el 15 de enero, con 38.937 casos. El doble, pero en un país que casi quintuplica la población de Portugal: 47 millones de habitantes, frente a solo 10 millones.

Lo mismo sucede si nos centramos en el número de muertes. Ayer el país luso notificó otros 149 decesos, el valor más bajo desde el 14 de enero (148). El pico de muertes se alcanzó el día 31 de enero, con 303, frente al pico español, situado 415 el 22 de enero. Muy poca diferencia.

Asimismo, el número de hospitalizados ya se sitúa en 5.230 en planta y 846 en uci, aunque en los últimos días se ha producido un ligero descenso en ambos indicadores. Si bien, el tema de los pacientes en unidades de críticos sigue siendo extremadamente preocupante, pues Portugal dispone de 850 camas, reforzadas ahora con hospitales de campaña, y esta capacidad ya se ha visto excedida. La situación sigue alarmando.

“Ya estamos pensando en lo que nos va a venir encima después”
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Araceli Vázquez
Anestesista en el Centro Hospitalar do Baixo Vouga (Aveiro)

Aveiro. Desde el Centro Hospitalar do Baixo Vouga (Aveiro), Araceli Vázquez, anestesista gallega que lleva en Portugal dos décadas, afirma que a nivel sanitario el país que la ha acogido “estuvo muy mal”. “Fue una situación muy grave”, relata esta lucense, natal de Baamonde, manifestando que el estado llegó a ser el que “tenía mayor número de infecciones por habitante y día”.

CONTROL ACTUAL. “En este momento ya está más controlado”, indica la profesional, aun haciendo constar que en los centros sanitarios “tarda siempre dos o tres semanas en verse el reflejo de esa mejora”. “No estamos aún en el límite, por lo menos en la zona de Aveiro”, apunta además, señalando que “hay pacientes que sabemos que se van a morir de COVID, pero el drama es que se mueran porque no tienen sitio y recursos para ser atendidos”.

En este contexto, Vázquez insiste en que no se llegó a dar esa catastrófica tónica, aunque resaltando que el aumento fue notorio y “se duplicó” la cantidad de enfermos que llegaban a las instalaciones donde trabaja. De hecho, actualmente casi todas las camillas permanecen ocupadas. “Normalmente nos quedamos con una o dos plazas” que intentan administrar “de la mejor forma”, indica la especialista.

Asimismo, con motivo del virus se vieron obligados a reestructurar ese espacio para atender a los afectados ingresados, llegando hasta el punto de acondicionar salas que no se utilizaban para tal fin. “Llegamos a tener ocho internamientos para COVID”, añade la médico, explicando que “se fue todo transformando”. Usan hasta “el quirófano para poner a los pacientes que son de medicina intensiva no COVID”: los más críticos.

adaptarse a agotarse. “Es duro, es muy cansado, las personas (dice sobre sus compañeros) tuvieron que dejar la zona de confort para dedicarse a hacer un trabajo distinto a lo que es habitual”, resalta. Aun así, expone su gran “capacidad de adaptación”.

APAGANDO SIN AYUDA UN VOLCÁN EN ERUPCIÓN. Sobre la crisis que están sobrepasando, que achaca a la relajación navideña y los encuentros festivos que se produjeron durante esa época, Vázquez piensa que “se consiguió dar respuesta” dentro del país luso al priorizar sus recursos en combatir contra el coronavirus. “Ahora hubo que usar todas las fuerzas para esto, puesto que es como un volcán en erupción”, dice.

Sin embargo, la batalla por asegurar la salud de Portugal todavía no ha concluido. “Hay una cosa que a los profesionales nos preocupa mucho”, manifiesta en cuanto a “qué va a ser de los otros pacientes que no son COVID”. “En este momento estamos también pensando en eso, en lo que nos va a venir encima después”, reconoce.

Del mismo modo, aunque piensa que la ayuda ofrecida por la Xunta no es necesaria, debido a como avanza favorablemente la situación pandémica en el estado portugués, la anestesista lucense valora como “importante” esta propuesta para los sanitarios gallegos de la nación: “Sentimos orgullo de que nos hayan tendido una mano, que esperemos, y parece que felizmente, no será necesario utilizar”.

“Hubo falta de preparación desde el sistema de salud portugués”
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Aurora Cortiñas
Psiquiatra en el Centro Hospitalar de São João (Oporto)

Oporto. Para Aurora Cortiñas, psiquiatra pontevedresa que lleva ya 19 años trabajando en el Centro Hospitalar de São João (Oporto), del efecto del coronavirus en Portugal se ha transmitido un escenario parcial. “Creo que la situación no es buena”, reconoce dicha profesional. Explica así que “se dieron imágenes de las filas de ambulancias en Lisboa”, pero esa situación no se dio, por ejemplo, en la ciudad de los seis puentes.

“Ha sido como cuando el año pasado veíamos las imágenes de Madrid y no toda España estaba como Madrid”, señala esta médico, recalcando que la problemática llegó a causa de las fiestas invernales. “Después de navidades ha habido muchos casos y sobre todo (confiesa) un número alto de muertos”.

Ello, en su opinión, se debe a que “hubo una falta de preparación por parte del sistema nacional de salud portugués” especialmente “a principios del otoño”. “Se fue quizás demasiado optimista y no se prepararon las cosas”, añade asimismo, sumando a eso que el Gobierno luso quizás no supo “transmitir muy bien la información”. “Cambiaron las normas muchas veces”, dice esta doctora, que indica además que “se quiso dar la sensación de que estaba todo controlado para que la gente no entrase en pánico”.

“Luego tuvieron que recular”, admite Cortiñas. Posteriormente llegó la Navidad, aunque las autoridades permitieron las reuniones, pues “no hubo las limitaciones que hubo, por ejemplo, en España” y eso “pasó factura”. Ahora, gracias a las restricciones instauradas, esta especialista ve que “se comienza a notar el efecto de todas esas medidas y los casos empiezan a disminuir” en la nación.

SE LLEVA. En su hospital, el mayor del norte luso, los profesionales “están desgastados porque las urgencias son malas, con muchos casos y sobrecarga”. “Pero bueno, la gente lo va llevando”, reconoce la psiquiatra. Aun así, remarca que este centro actualmente está muy bien preparado y “ha ido siempre un poco por delante”. De igual forma, considera que el país no atraviesa una situación general de desabastecimiento.

EL VIRUS Y LA SALUD MENTAL. Pese a que en Portugal “se consigue dar respuesta” al virus y sus necesidades asistenciales, Cortiñas señala que están “un poco cansados”. “Es más el no verle fin a esto”, indica, explicando que por su consulta pasa “gente con cuadros depresivos y ansiosos”, además de notarse “un agravamiento” en muchos dolientes que ya mostraban distintos trastornos con anterioridad a la pandemia.

A nivel laboral, conforme detalla, el COVID también ha complicado la atención de los demás enfermos porque “hay muchas estructuras de la comunidad (centros de día o foros socioocupacionales, entre otras) que están cerradas. A este problema, que “no es bueno para los pacientes”, se añade que “con el paso de los meses comenzarán a aparecer” los peores impactos: lutos complicados y efectos económicos.

De hecho, en cuanto a la salud mental de la sociedad con relación a estos decesos, Cortiñas dice que “las pérdidas familiares no se notaron quizás tanto ahora”, pero “con el paso del tiempo se va a notar”.

“La Policía hacía la vista gorda, solo informaban y no multaban”
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Jesús Manuel García
Cardiólogo en el Centro Hospitalar do Baixo Vouga (Aveiro)

Aveiro. Jesús Manuel García, cardiólogo en el Centro Hospitalar do Baixo Vouga (Aveiro) y natural de Lalín, concretamente de Donramiro, confiesa que han estado “físicamente desbordados algunos días en urgencias” al haber cierta “falta de espacio en el área de atención de patologías médicas”, aunque no por la escasez de sus “profesionales o material”.

Precisamente, sobre la presión sanitaria que han experimentado en el centro donde actualmente trabaja, resalta que “eso es lo que ocurre todos los inviernos cuando aumenta la afluencia de enfermos con los picos de gripe”.

Cuando necesitaron camas en las plantas de hospitalización, conforme apunta, la administración del hospital recurrió a otros centros de la región, clínicas, e instalaciones privadas, para internar a estos enfermos. Ahora, ya con mejores cifras, García se atreve a decir que la situación del país luso se está “normalizando rápidamente”.

Para el cardiólogo, la responsabilidad de los niveles de contagios de la tercera oleada pandémica en Portugal es sin duda culpa en mayor medida del gobierno, con la complicidad de los medios de comunicación: La gestión del COVID ha sido “política, no técnica, e infelizmente tuvimos elecciones presidenciales a finales de enero de 2021”.

Producto de esto, según explica, los candidatos “no quisieron molestar a los ciudadanos para obtener los resultados pretendidos” en los comicios y “no tomaron las medidas restrictivas adecuadas para pasar la Navidad”.

“Hasta la Policía hacía la vista gorda, solo informaba y no multaba”, mantiene García, señalando al mismo tiempo que la prensa, radio y televisión “no fueron críticos”, emitiendo contenido “gubernamental sin filtrar”, concretamente enfocado a la campaña de vacunación: algo con lo que los lusos “se relajaron”.

SE PODÍA HABER EVITADO. “Peor que el agotamiento es saber que se podía haber evitado, estamos desilusionados, yo me enfadé en verano por la poca preparación del Sistema Nacional de Salud para el invierno”, critica el médico.

En este sentido, afirma que ahora “no hay recursos para mantener una normal asistencia”. Existen para tratar a los enfermos COVID, no falta personal ni material, tal como subraya, aunque la cosa cambia al atender “en simultáneo a los enfermos no COVID”: las cirugías no urgentes han sido canceladas y la mayoría de las consultas se realizan telefónicamente sin la presencia del paciente, según cuenta.

Ante esta situación, el doctor García se sincera: “Somos profesionales y estamos acostumbrados a trabajar en condiciones adversas, y no cesamos en nuestro empeño, lo que no conseguimos es estar en dos lugares a la vez”.

“No hemos tenido el tiempo necesario para tomar decisiones difíciles en algunas ocasiones, y la mejor solución a veces no fue una opción por estar desbordados”, añade el especialista, destacando que aquello que decidieron lo hicieron “de forma serena, con la conciencia tranquila”.

EL AGOSTO DE LAS FUNERARIAS. “Las funerarias no están desbordadas, están haciendo su agosto”, señala en cuanto al colapso en estos servicios, explicando que “el problema es la capacidad de incineración (recomendada para los cuerpos infectados) y la capacidad instalada es limitada (...) por eso los cuerpos tienen que esperar en las morgues”.

VERGÜENZA. Sobre el apoyo propuesto por la Xunta, García considera que “Galicia ha hecho muy bien ofrecer ayuda, y Portugal muy bien en rechazarla”. “El pedido de ayuda del Gobierno al exterior ha avergonzado profundamente a los profesionales de salud”, indica, al no ser “necesario”.

“No entiendo cómo llegamos a ese punto, los peores del mundo”
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Filipa Figueiredo
Estudiante de sexto de Medicina en la Universidade de Santiago de Compostela (USC)

Viseu. Por una cita médica, Filipa Figueiredo, estudiante de sexto año de Medicina en la Universidade de Santiago de Compostela (USC), se desplazó el pasado viernes de Galicia a Portugal, su país natal, donde relata desde Viseu que la pandemia “hace pocos días estaba muy descontrolada”.

“No entiendo como llegamos a este punto, los peores del mundo”, mantiene la joven lusa, quien actualmente está realizando en Pontevedra las prácticas que le faltan para graduarse. En este sentido, manifiesta que ve “mucha gente irresponsable, que no cumple las normas, sea la mascarilla o el confinamiento” en un estado que, por culpa del COVID-19, no tiene “libertad ninguna”.

“No puedes hacer nada básicamente”, mantiene la futura sanitaria, comentando que solo se puede salir del hogar “ para citas médicas o para ir al supermercado”, que ahora cuenta con nuevos “horarios reducidos”, cerrando los fines de semana a las 17.00 horas.

Con ello, numerosas tiendas también están cercadas, según indica, salvo excepciones. Lo único que pueden hacer para relajarse son “paseos higiénicos”, siempre llevando tapabocas. Asimismo, tal como señala, este terrible desgarro del virus, que “en términos económicos tiene un impacto brutal”, ha sido fruto de la relajación ciudadana.

LAS FIESTAS NAVIDEÑAS. “Hubo dos episodios que son Navidad y Año Nuevo, donde se juntaron personas cuando no debían hacerlo”, resalta Figueiredo, argumentando que es vital buscar la “responsabilidad” otra vez: “Entramos en el confinamiento 15 de enero, así que únicamente ahora, casi un mes más tarde, estamos mejorando algo”.

Aun así, conforme explica la estudiante de medicina, siguen “muriendo muchas personas”. “Y lo peor no es solo el COVID”, añade, también la cantidad de gente que fallece “por cáncer o enfermedades cardiovasculares” en este momento. “Desde que todo esto empezó no tiene el debido seguimiento”, sentencia.

ENFERMEDADES NO TRATADAS A TIEMPO. De igual forma, Portugal ha presenciado “casos de personas que no fueron diagnosticadas a tiempo en las consultas” y albergan “muchos hospitales con una capacidad de 300 % de ocupación”. “Los profesionales de la salud están agotados, haciendo esfuerzos desmedidos para intentar llegar a todo”, afirma igualmente Filipa, comentando que “hacen muchas horas, descansan muy poco y tienen que elegir quien va a sobrevivir, es muy duro”.

GALICIA Y PORTUGAL. Figueiredo, que no tiene conocimiento de que llegase a haber desabastecimiento como tal, apunta sobre ello una iniciativa “muy bonita” que la sociedad lusa lleva desarrollando como consecuencia de la pandemia, proporcionando gel hidroalcohólico, comida e incluso pijamas a los hospitales, pero también para las personas y familias más desfavorecidas por la pandemia.

Comparando la incidencia del COVID-19 entre el territorio que la vio nacer y la comunidad donde estudia para ser doctora, la joven piensa que en Galicia, concretamente en Pontevedra, las cosas están “más controladas”. “Es verdad que no podemos comparar un país con una ciudad, pero veo que, aunque haya también agrupaciones y actitudes malas, la gente tiene más respeto al virus y con eso más responsabilidad”, opina.

“En Portugal fuimos de extremos, de los países ejemplares en el primer confinamiento a los peores”, afirma la futura sanitaria, algo que provocó que se aplicasen “medidas extremas para intentar frenar el aumento de los casos”. Mientras, observa el panorama del territorio gallego “más equilibrado” con “más casos que en marzo pero aún así sin restricciones extremas”.

Registra la segunda incidencia acumulada a 14 días más alta de Europa

Sin duda, el indicador más impactante para Portugal es aquel que hace referencia a la incidencia acumulada a 14 días. El país manifiesta, pese a la bajada de casos, todavía una IA de 904,8 casos por cada 100.000 habitantes. Esto supone solo 50 puntos por debajo del primer país más afectado en este indicador: la República Checa (952); y casi el doble de casos por cien mil habitantes que el tercero con peores datos: España (496).

Y es que su incremento promedio de casos de coronavirus en los últimos 7 días se ha disparado hasta un 0,55%, frente al 0,71% de Chequia.

Además, en lo que se refiere a la cifra total de casos de coronavirus confirmados desde el inicio de la pandemia, ni que decir tiene que, aún ocupando el puesto número 12 de la tabla, su situación no deja de ser tremendamente alarmante, pues todos los que están por encima tienen mucho mayor número de habitantes.

Así, con 778.369 casos, no se puede comparar con Rusia, una potencia con 4 millones. Portugal tiene 10 millones de habitantes, frente a los 147 millones del país soviético --casi quince veces menos--. Si multiplicamos los casos de coronavirus diagnosticados en el país luso por esas quince veces más, obtenemos la descabellada cifra de 11 millones y medio de contagios, lo que significa que casi cuatriplicaría la actual cantidad de afectados de Rusia.

Lo mismo sucede si lo comparamos con el caso de España, que acumula en estos momento 3 millones de casos y 47 millones de habitantes –casi cinco veces más–. Portugal, con una población similar, habría llegado ya a los cuatro millones. Y eso que España no se puede contemplar como un ejemplo de nada porque en esta tercera ola también ha sido de los países más afectados de Europa, ocupando el cuarto puesto entre los territorios con mayor número de casos confirmados de toda la pandemia.

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