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Un 12% de los recuperados de COVID sufren secuelas neurológicas

La cefalea y la conocida como ‘niebla mental’ son los síntomas neurológicos más habituales y también los más persistentes

Se sabe ya que el SARS-CoV-2 produce una grave afectación del sistema respiratorio y que los pacientes que lo contraen pueden sufrir secuelas una vez superen la enfermedad. Sin embargo, por pocos es sabido que hay otra serie de consecuencias que, por ser neurológicas y poder pasar más desapercibidas, alteran notablemente la vida diaria de las personas.

Un reciente estudio realizado en España señala que el 51% de los pacientes que han sobrevivido al COVID han desarrollado secuelas que pueden prolongarse incluso doce meses. Los síntomas neurológicos alcanzan a un 12 % de ellos y a un 60 % de los que terminan hospitalizados.

“La afectación del sistema nervioso central por el SARS-CoV-2 es muy poco probable, afortunadamente los casos son muy excepcionales, porque sino tendríamos una pandemia horrible, por la prevalencia que el virus está teniendo en la población”, asegura en declaraciones a EL CORREO el vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Jesús Porta. Con todo, sí pueden darse algunos casos y, fundamentalmente, el virus penetra al sistema nervioso a través de tres vías: “del bulbo olfatorio, que forma parte del sistema y es usado por la nariz para percibir los olores, algo muy excepcional –no es lo mismo que la anosmia–; del endotelio, uniéndose al ACE2, que es el receptor que usa el virus para entrar en las células; y viajando por los nervios, como hace la rabia u otros virus”.

“La invasión directa del sistema nervioso central es algo absolutamente excepcional, pero los síntomas neurológicos sí son muy frecuentes, especialmente los leves”, resume el doctor Porta, que afirma que, además, estos síntomas “se relacionan mucho más con procesos inflamatorios o con la afectación de estructuras que pueden actuar como soporte del sistema nervioso central, más que por la afectación directa del mismo”.

Entre estos síntomas, el más frecuentes es la cefalea, que se da “en entre un 40 y un 60% de los pacientes”. El vicepresidente de la SEN explica que “se trata de una cefalea muy específica cuya descripción ya hicimos desde la Sociedad en mayo del año pasado, siendo los primeros en publicar un artículo en el mundo hablando de cefalea asociada al COVID”. Causa sobre todo dolor de cabeza, con características “habitualmente opresivas, relacionadas a esfuerzos, tos, movimientos de cabeza...”.

LA ANOSMIA (PÉRDIDA DE OLFATO) PUEDE PERDURAR HASTA TRES AÑOS. El siguiente síntoma más habitual es la pérdida del olfato, que afecta a “entre un 30 y un 55%” de pacientes COVID. “Es muy habitual”, apunta el doctor Porta, que también añade que “la mayoría suelen recuperar el olfato entre las primeras cuatro y ocho semanas y solo a un pequeño porcentaje le va a durar más la pérdida”. En la mayoría de casos de anosmia “no hay invasión directa de la neurona olfativa, que es parte del sistema nervioso central, sino del soporte que esta tiene alrededor, llamado epitelio, que es el que la sujeta”.

“Sí que es muy típico que los virus destruyan el epitelio y, en consecuencia, se produzca la pérdida del olfato”, indica, añadiendo que, “en la mayoría de los pacientes el epitelio se vuelve a formar y el olfato se recupera en poco tiempo, entres dos, tres o seis semanas tras haber superado la enfermedad”. ¿Por qué se rompe? Porque supone un mecanismo de defensa del propio sistema nervioso: “si yo tengo una vía de entrada a los virus, cuando hay una invasión por uno, esta se va hacia arriba y se muere para evitar que entre, pero luego vuelve a crecer”.

Finalmente, el tercer síntoma más frecuente es la conocida como ‘niebla mental’: “un cuadro que se puede deber a múltiples causas y sobre el que lo importante es saber si está directamente asociado al COVID o hay más factores que entran en juego”. Consiste en la “dificultad para encontrar las palabras dentro de la cabeza” y en tener “problemas de memoria, pensando más las cosas”, así como “un trastorno organizativo” en el que los afectados no saben organizarse bien. “Habitualmente están disgregados y les cuesta mucho incorporarse a su trabajo, aunque si se esfuerzan mucho sí son capaces de hacerlo, con un sobreesfuerzo mayor que antes”, sentencia.

EL RIESGO DE TROMBOSIS VENOSA CEREBRAL SE ELEVA EN UN 4%. “Es mucho más frecuente tener un trastorno trombótico asociado al COVID que a cualquiera de las vacunas que tenemos ahora mismo”, se muestra tajante el vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología. Este es un tema escasamente tratado en la actualidad, ensombrecido por los episodios que han generado las vacunas, cuando al principio de la pandemia, entre los meses de marzo y mayo, sí se habló de él porque “aumentó el número de casos” debido también “al aumento de los infectados”.

“Podría asociarse a uno de cada 1.000 habitantes, que no es mucho, pero sigue siendo una probabilidad mucho más alta que la de las vacunas, donde se da en uno de cada millón o de cada 500.000 inoculados”, advierte el doctor Porta. Indica, además, que el perfil de paciente en el que se produce suele ser “joven y con enfermedad más o menos grave asociada a riesgo vascular”. “Ese es el grupo de pacientes que estamos viendo que sufren estos episodios”, asegura.

20 abr 2021 / 11:31
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