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Novak Djokovic

Un espartaco al que le gustan los lobos y es líder mundial en soberbia

Número uno del mundo en tenis

El líder mundial de la raqueta se ha quedado sin rivales en la pista de la soberbia. Novak Djokovic, al que su papá ha presentado como el “Espartaco del nuevo mundo”, el mismo que asegura haber encontrado en los lobos una referencia espiritual, ha demostrado en Australia que se ve a sí mismo rodeado con un aura y levitando con el mundo arrodillado a sus pies. Él, por encima de todos porque simplemente sabe darle a la pelota mejor que nadie y, sobre todo, porque gana mucho, mucho dinero. No se sabe todavía cómo acabará su culebrón ni si finalmente podrá defender el título de campeón del Abierto de Australia que arranca en Melbourne el próximo lunes. ¡El pobre extranjero de oro! Pero por ahora ha sumado la derrota de su vida y una buena dosis de penitencia moral y ética. Convertido también en líder planetario del movimiento antivacunas, el tenista serbio está a punto de ser deportado de Australia tras la decisión del ministro de Inmigración de este país, Alex Hawke, de ejercer los poderes especiales que le concede la ley para anular su visado por razones sanitarias y de orden público y volver a cancelar su visado por entrar en el país sin estar vacunado contra la covid-19. Tan desproporcionada se sospecha su altivez, que Djokovic ha antepuesto sus intereses como número uno mundial del tenis –no jugar el torneo de Melobourne traerá consecuencias a su carrera tenística– a sus pensamientos negacionistas, jugándosela en uno de los países que con más severidad ha aplicado las restricciones antivirus y con mayor rigidez impone su política migratoria. Los abogados del tenista jugarán sus últimas cartas para intentar ganar al sentido común, para aplacar la rabieta de una estrella multimillonaria del deporte que no lo es fuera de la cancha, merecedor de una buena lección de humildad. Una estrella sin luz en el ranquin del respeto que antepone sus ideales a la ley. ¡Claro que no está obligado a vacunarse!. Pero no hacerlo tiene consecuencias que ha de asumir. Rey indiscutible en las pistas, campeón planetario del autobochorno. S. Arias

15 ene 2022 / 01:00
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