Los tesoros que esconde la ruta fluvial del Sarela

Fuente y lavadero de Pontepedriña de Arriba, que se encuentra en la ruta del Sarela. Fotos: CompostelaVerde / Sandra Cuiña
Sandra Cuiña
Una de las pocas alternativas de ocio que tienen los compostelanos en estos momentos son los paseos al aire libre y, afortunadamente, en Santiago hay muchas opciones a la hora de elegir una ruta de senderismo. Una de las que más se habla últimamente es la del Monte Viso, reacondicionada recientemente, que está teniendo muchas visitas.
También tiene mucha aceptación la del Banquete de Conxo, que llega hasta el Multiusos del Sar, así como la del Sarela, que es una de las más antiguas de la capital gallega y que tiene la ventaja de que se puede comenzar desde el parque de Galeras o la zona de Carme de Abaixo, a solo unos minutos de la Catedral.
De hecho, es muy extensa, puesto que va desde O Romaño hasta Vidán, y en la zona de San Lourenzo entronca con el Camino de Santiago hacia Fisterra o con una senda que llega al Monte Pedroso. De este modo, los caminantes tienen múltiples opciones a la hora de recorrerla, dependiendo del tiempo del que dispongan. Según el itinerario oficial diseñado por el Concello de Santiago, para completar esta ruta de 7,2 kilómetros se necesitan alrededor de una hora y cincuenta minutos. El recorrido completo arranca en A Peregrina y concluye en Vidán, aunque la mayoría de la gente suele realizarla desde Galeras.
Además de hacer ejercicio este paseo invita a profundizar en el papel que el cauce fluvial desempeñó en la historia de la capital gallega. Aparte de abastecer de agua a la zona oeste, a sus pies surgieron varios molinos y una productiva industria de curtidos con especial relevancia desde mediados del siglo XIX hasta la mitad del XX. De hecho, el camino está sembrado de molinos, lavaderos, fuentes, fábricas de curtidos e incluso hay restos de un antiguo acueducto.
Una vez en el parque de Galeras se puede elegir ir hacia Vidán o el Romaño. Si se opta por lo primero, el puente de Carme de Abaixo, su fuente y su capilla son algunos de los tesoros que descubrirá el senderista. Siguiendo los indicadores de la ruta aparecen los vestigios de lo que en sus tiempos fue un acueducto y tras cruzar una pasarela de madera y algún que otro puente se llega a una zona conocida como la pequeña Venecia, puesto que las casas pasan literalmente encima del río. En esa zona también aparecen los restos de un antiguo molino, que se incendió tiempo atrás. Solo unos minutos después se llega al puente de San Lourenzo y en este punto se puede optar por seguir hasta Vidán, coger el Camino de Santiago o subir hasta el Monte Pedroso.
En el caso de que se prefiera andar en dirección O Romaño en Galeras aún quedan algunos vestigios en los márgenes del Sarela de algunas piedras que las lavanderas utilizaban en la primera mitad del siglo XX para lavar la ropa de las familias más adineradas y de los hospitales y sanatorios. Este lugar era idónea para esta actividad porque estaba próximo a la ciudad, era soleado y contaba con amplios prados para el clareo, prados que hoy conforman el parque de Galeras. Para facilitar el secado de la ropa, sobre todo en invierno, se construyó una estructura de madera que también hacía de tejado para las piedras de lavar al lado del cauce y que estaba situado cerca de la finca do Espiño. Esta estructura de madera ya no existe.
Justo al final del parque está la fuente del Oro, construida en granito, con dos caños de hierro. De esta fuente se abastecían los vecinos del Pedroso, de Casas Novas y buena parte de los de la rúa de Entrerríos. La leyenda cuenta que a un pobre llamado Cotolai, Dios le manifestó que debajo de la fuente había un gran tesoro, de ahí el nombre de la misma. El 24 de enero de 1828 se autorizó un crédito de trescientas pesetas para realizar la reparación de la fuente, en la que figura una fecha posterior, probablemente de otra reforma realizada años después.
Cruzando el puente y la carretera se llega a un pequeño merendero, ubicado detrás del polideportivo de Santa Isabel, donde también hay un lavadero, que no es el típico que cuenta con un gran pilón. En este caso, se trata de diferentes rampas de lavado, colocadas al lado del Sarela. En este punto la senda se vuelve un poco más abrupta y no es raro encontrarse algún tronco atravesado. Es una zona que antiguamente utilizaban algunos niños para bañarse en el río. Tras varios minutos de paseo aparece la antigua fábrica de curtidos de Pontepedriña de Arriba, hoy reconvertida en centro de rehabilitación; y un lavadero tradicional, con su pilón y su fuente. Al final, de este tramo hay un merendero bastante amplio donde reponer fuerzas.
Dificultad baja, con un terreno muy llano
La ventaja de este paseo fluvial frente a otras rutas es que tiene una dificultad baja, puesto que es muy llana, con apenas pendientes y que está muy bien señalizada. Además, tiene un recorrido muy flexible y que se puede adaptar a las características de cada persona. Es cierto que la parte más transitada es la zona desde Carme de Abaixo hasta San Lourenzo. Mucha información relativa a esta senda puede consultarse en la web Compostela Verde, de la Concejalía de Parques y Jardines, que cuenta con abundante documentación sobre los diferentes molinos, lavaderos, fuentes y fábricas de curtidos que hay en el paseo fluvial del Sarela.
Otro de los atractivos de esta senda son los diferentes puentes que se pueden encontrar en su recorrido, algunos de factura reciente y otros muy rústicos, formados por piedras, que se convierten en una pasarela como por ejemplo la Pontella da Burata o algunas construcciones estrechas hechas con bloques de piedra, situadas cerca de la zona de San Lorenzo.
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