“Recuperar piezas casi imposibles resulta muy satisfactorio”

“Recuperar piezas casi imposibles resulta muy satisfactorio” / Carmen Álvarez
Carmen Álvarez
Javier Pintos Miranda es vidriero y ha realizado la vidriera de la Corticela a partir del diseño de José Ignacio García Fernández. ¿Puedes comentarnos un poco de tu formación y trayectoria profesional?
El primer encuentro con el vidrio y la especialidad de vidrieras, se sitúa sobre el año 1986. Llevaba dos años haciendo cerámica, donde ya mantenía una producción de piezas más elaboradas y con los reducidos conocimientos que tenía el taller, realizamos el primer encargo de vidrieras emplomadas.
Los diversos talleres que surgieron en la época, de una forma u otra, fueron derivados de la conservación de este oficio y la enseñanza que se impartía en lo que todavía es hoy la Real Sociedad Económica de Amigos del País. Impartía las clases el vidriero Don José Mosquera, que lo había aprendido del reconocido pintor leonés afincado en Santiago, Don Roberto González del Blanco. La formación, a partir de ahí, ha sido totalmente autodidacta.
Has sido el encargado de realizar la vidriera de la Corticela. ¿Que ha supuesto para ti este proyecto impulsado por Don Salvador Domato, párroco de la Corticela?
Coincidir en un proyecto como este ha sido, desde el primer momento, muy ilusionante. En la primera toma de contacto me encuentro con un proyecto desarrollado en diseño, tratado como una obra para ser incluida en un espacio de la relevancia que tiene la capilla de la Corticela y su conjunto con la catedral.
¿Ha sido complicado trasladar el diseño de José Ignacio a la vidriera? ¿A qué problemas técnicos te has tenido que enfrentar? Cuéntanos un poco el proceso. ¿Satisfecho con el resultado?
Después del encuentro donde conocimos el diseño, lo siguiente era conocer las características del lugar de instalación de la vidriera. En una primera visita, la capilla estaba ya muy avanzada en las obras de restauración pero, en cambio, la ventana todavía estaba sin tratar y decepcionaba mucho por sus características.
En principio era umbría, con un hueco de luz indirecto, desplazado al interior y desencajado en el encuadre y unos escalones añadidos en una intervención anterior terminan por completar todo lo que no te quieres encontrar. Pedimos mejorar todo lo posible el hueco, retirando los peldaños y blanqueando los dos laterales de transición entre el hueco interior y la ventana exterior, para que funcionasen como reflectores.
Pasamos a ver lo que podíamos conseguir con el diseño, interpretarlo en vidrio. La luz es el primer condicionante y las características antes citadas del hueco, no nos permiten trabajar como quisiéramos. Respetamos el diseño todo lo que pudimos lo que nos limitaba ciertas soluciones. Hicimos varios ensayos en el sitio, centrándonos siempre en la luz.
Una de las partes más importantes era el vidrio del fondo y acertamos con un vidrio soplado plaqué, una opalina blanca de la fábrica alemana Lamberts. La hoja más grande y carismática del diseño, la que representa la cabeza del Cristo, es un vidrio amarillo limón, muy luminoso, de un pequeño fabricante polaco y está sombreado con la tradicional técnica de grisalla al fuego. El cuerpo de la figura se solucionó, después de muchas pruebas, con dos coloraciones en rojo de cobre y amarillo de plata que se cocieron en el horno a una temperatura de 600°C, un intercambio iónico con las moléculas de vidrio.
Sólo hay dos fabricantes de estos pigmentos en el mundo de los que podemos prescindir desde hace unos años, todo un logro del taller, ya que conseguimos formularlos nosotros mismos y en el resultado de esta obra han sido fundamentales. La vidriera, de una sola pieza de importante tamaño, sólo se apoya en el pie de la figura, acompañada por unos refuerzos metálicos que recorren las líneas del dibujo en la parte posterior. Se podría decir que la vidriera flota en el marco. El resultado es una obra que se integra perfectamente en la capilla.
Tienes taller propio en Bertamiráns (Ames) y también restauras vidrieras. ¿Cuál es el tipo de trabajos que habitualmente realizas y cuál ha sido el encargo más importante que has hecho?
Durante años hubo mucho trabajo en vidriera comercial, para decoración, aunque no rechazamos ningún trabajo por pequeño que sea. Últimamente nos ocupa y satisface mucho la restauración donde dominar la técnica es fundamental y recuperar piezas casi imposibles resulta muy satisfactorio. Hace un par de años tuvimos una obra enorme de restauración en el centro de París que quedó espectacular pero esta misma obra de la Corticela ocupará un lugar prioritario entre los encargos importantes.
Los años Xacobeos nos acompañaron en ciertas obras; para el 93 hice las sencillas vidrieras geométricas que se pueden ver en la plaza de Platerías y en el 99 la que estas mismas tenían por el interior. Y en el 2004 otra vidriera para un hueco abierto sobre la puerta del Museo Catedralicio. Lamentablemente, estas dos últimas han sido retiradas en su reciente restauración.
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