El feminismo en el Santiago de la Transición

“No se debería hablar de feminismo, sino de feminismos que no son capaces de hacer una lucha común”

Reunión de la Asociación Galega da Muller (AGM) / cedida

Reunión de la Asociación Galega da Muller (AGM) / cedida / rodrigo paz

Para la investigadora Enya Antelo (Santiago de Compostela, 1992) los movimientos sociales tienen la capacidad para plantear demandas fuera de los sistemas establecidos, un lugar de denuncia en el que comenzó a moverse durante sus años universitarios. En ese momento empezó a interesarse por la historia de las mujeres, especialmente por el feminismo en la capital gallega durante el año 1978 y hoy dará a conocer su trabajo a las 12.30 horas en la Facultade de Xeografía e Historia de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) durante las jornadas tituladas Pasado Arrincado: Espazos da memoria democrática na Galicia do franquismo e da Transición.

Carteles feministas delante de la Sala Yago / cedida

Carteles feministas delante de la Sala Yago / cedida / rodrigo paz

El feminismo durante la Transición era, en palabras de Antelo, un movimiento revolucionario que se mueve en muchas esferas y trata diversos temas no muy acogidos por el conjunto de la sociedad, que todavía mantiene la mentalidad franquista. Entre ellos se encuentran la libertad sexual, el divorcio, el aborto —tema que aún mantiene abierto el debate— e, incluso, los anticonceptivos, que en aquel momento estaban prohibidos.

Tal y como asegura Antelo, 1978 fue un año clave para el feminismo gallego y, especialmente, el feminismo compostelano gracias a dos hechos que marcan un antes y un después. Uno de ellos tiene lugar en el seno de la Facultade de Económicas de la USC, edificio que aglutinaba grupos de todas las ideologías del momento y en el que tienen lugar las primeras jornadas feministas estatales celebradas públicamente —las primeras se llevaron a cabo en Madrid en 1975 en la clandestinidad— no exentas de escenas violentas. En ellas mujeres de toda España trataron temas como el posicionamiento en las elecciones generales de 1979 así como ante la Constitución Española, además de cuestiones novedosas en aquellos tiempos como lo era el lesbianismo.

La universidad jugó un papel clave dentro del movimiento feminista, pues su impulso se debió a la lucha de jóvenes universitarias muy vinculadas a la política que trasladaron estas ideas a la calle a través de manifestaciones, concentraciones y otras acciones como el reparto de anticonceptivos en la praza do Toural o escraches en la emblemática Sala Yago.

El segundo gran hito que se produce en 1978 no es otro que la ruptura de la Asociación Galega da Muller (AGM), que se divide con la fundación de la agrupación Feministas Independentes Galegas en medio de una “lucha de egos”. “En ese momento existen divisiones en el feminismo. Hay dos debates, por un lado se habla de feminismo de igualdad frente a feminismo de diferencia y por otro, de feminismo de doble militancia o feminismo independiente, es decir, trabajar por el feminismo desde el interior de partidos políticos o luchar por los derechos de las mujeres de forma autónoma”, destaca Antelo.

Esas “luchas de ego”, tal y como define Antelo, son visibles a día de hoy y es que, a su juicio, no se debería hablar de feminismo, sino de feminismos que no son capaces de conglomerarse en torno a una lucha común. “Los debates que hay ahora mismo dentro del Estado español como la ley trans evidencian las diferencias existentes dentro del movimiento. Cuando algo se disipa mucho y se difunde mucho hace que se dinamite internamente y esto no solo ocurre en España, tiene lugar a nivel global”, sentencia Antelo.