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“Podemos salvar la vida ante un infarto de miocardio con los balones de dilatación coronaria y vascular”

El director de Cardiología Intervencionista del CHUS, Ramiro Trillo, agradece los siete millones de la Xunta invertidos en este material

El equipo de Cardiología Intervencionista del CHUS, con su director, Ramiro Trillo, vestido de negro

El equipo de Cardiología Intervencionista del CHUS, con su director, Ramiro Trillo, vestido de negro / l.rey

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Lorena Rey

Lorena Rey

Santiago

El Servicio Gallego de Salud va a adquirir diferentes tipos de catéter que a su vez cuentan con funcionalidades específicas, y que son necesarios para la realización de las técnicas de cardiología intervencionista que se practican en los centros sanitarios gallegos, gracias a la inversión de la Xunta de más de 7,3 millones de euros en la compra de balones de dilatación coronaria y valvular. Por una parte, los balones de dilatación coronaria “son unos catéteres que llevan un balón en la punta y que se inflan desde el exterior una vez los introducimos dentro de las arterias coronarias, las que suministran el riego al corazón”, explica a este medio el director de la Unidad de Cardiologia Intervencionista en el Complejo Hospitalario Universitario de Santiago, Ramiro Trillo, a lo que añade: “Cuando estas arterias están obstruidas parcial o totalmente, las podemos abrir para devolverle el flujo sanguíneo normal a esa arteria mediante el paso de un alambre que lo enhebramos con un balón que va hasta la zona obstruida de la arteria coronaria, se conecta a un manómetro y lo inflamos a una determinada presión controlada para obtener un diámetro”. Lo habitual es que la medida de estos balones oscile entre 1 y cinco milímetros, siendo el que más se utiliza el de tres, aunque “se ajusta al diámetro de la arteria del paciente”.

La utilidad que tiene este dispositivo, que viene a ser la base del procedimiento de angioplastia coronaria, es que en la zona de la obstrucción se infla, hace espacio, rompe la estrechez y así aumenta el diámetro de la arteria, por el cual va a circular la sangre. Por lo tanto, “esa falta de riego que tenía el músculo del corazón que recibía sangre de esa arteria, se corrige y se restaura el flujo normal a esa zona”.

Según explica Trillo, lo comentado es solo una parte del procedimiento de angioplastia coronaria, que hay que terminarlo con la implantación de un stent, una malla metálica que le suministra un andamiaje interno que permite que la arteria quede abierta y no se vuelva a estrechar, partiendo de que “el problema que podría surgir es que como la arteria es elástica pudiese volver a disminuir otra vez su diámetro”.

Se trata de una técnica utilizada desde hace más de 30 años, aunque los materiales con los que están hechos estos balones “son cada vez más pequeños, pasan mejor y llegan a sitios más difíciles”.

Por otra parte, están los balones de dilatación valvular. “Ahora también somos capaces de resolver las estrecheces de las válvulas del corazón sin necesidad de cirugía a través de catéteres”, explica el cardiólogo. En este caso son balones que miden entre 18 y 30 milímetros, “partiendo de que las válvulas son bastante más grandes”. En la mayoría de los casos se utilizan balones de entre 22 y 25 milímetros.

Es un procedimiento que en Galicia se lleva a cabo desde 2008. La dilatación de las válvulas con balones se hacía desde antes, pero ha tomado especial importancia desde que se colocan de forma no quirúrgica. Trillo explica que lo hacen “con una punción de la arteria a nivel de la ingle, y por ahí subimos unos catéteres, y esos catéteres llevan la válvula comprimida, que cuando llega a la zona donde hay que implantarla, se descomprime, ya sea automáticamente, porque el propio metal se expande sólo, o porque lo expandamos con un balón como el que utilizamos también para tratarlo previamente”.

Tanto los balones de dilatación coronaria como los de dilatación vascular se requieren para la realización de técnicas de cardiología intervencionista. Como ejemplo de una intervención de este tipo, Trillo describe el caso de un paciente que sufre un infarto. “Cuando se tienen síntomas de un infarto y se llama al 061, éste lleva al paciente a una sala hemodinámica que tiene un aparato de rayos que nos permite visualizar lo que estamos haciendo dentro del corazón. Hacemos un cateterismo cardíaco y una coronariografía y observamos mediante un contraste que lleva yodo, cómo se dibujan las arterias que riegan al corazón del paciente y esas arterias que se dibujan con ese contraste las traemos a través de unas pantallas gracias a los rayos X”, comenta sobre el procedimiento. A posteriori, cuando determinan que hay una arteria que está obstruida, normalmente por un coágulo, “le pasamos un alambre por un catéter muy fino que llega a la parte más lejana de la arteria y atraviesa la zona obstruida, se aspira, se elimina o se utiliza un balón de angioplastia y dilata la zona y se le coloca el stent. Así queda la arteria nuevamente abierta y vuelve a recibir sangre cuando antes se había interrumpido y le había provocado el infarto”.

Con la compra de este material sanitario, el cardiólogo pone en valor “el compromiso que existe de la salud pública por que los ciudadanos reciban la mejor atención posible”, lo que se refleja “en intentar sustentar la sanidad con la compra de material de última generación utilizada en beneficio del tratamiento de estos pacientes” ya que en algo tan importante como un infarto de miocardio “le puedes salvar salvar la vida e incluso mejorar su calidad de vida”. A mayores, valora que una compra a nivel de toda la comunidad es ventajosa y “el precio por el que se va a obtener el producto es más bajo que si queremos una compra más pequeña”, para así buscar un sistema sostenible.

Con esta compra, los precios máximos de licitación incorporarán un ahorro de más de 170.000 euros al año, lo que supondrá una reducción media de los precios de la compra de un 11,6%, sin prejuicio de los precios finales que se alcancen con las bajadas en la licitación.

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