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CULTURA Y PATRIMONIO

Paio de Solovio otea las estrellas desde San Fiz

Una escultura de bronce hecha por Acisclo Novo, tras encargo del Concello de Santiago, reivindica “al personaje que, según la leyenda y según la historia, descubrió la luz apuntando hacia el lugar exacto donde se encontraba el sepulcro del Apóstol”, indica su autor

Acisclo Novo junto a su escultura de Paio de Solovio

Acisclo Novo junto a su escultura de Paio de Solovio / Antonio Hernández

Xabier Sanmartín

Xabier Sanmartín

Santiago

Otear el ciclo tiene algo de revolucionario hoy que el gesto más común es el de una cabeza mirando hacia abajo, a un teléfono en un planeta con más móviles que personas (según la Unión Internacional de Telecomunicaciones), quizá por ello gusta tanto la escultura de bronce dedicada a Paio de Solovio hecha por Acisclo Novo (Ourense, 1970) tras encargo del Concello. Instalada ayer, al minuto ya generaba sonrisas entre vecindad, turistas y visitantes. Mientras, su autor, el escultor (formada en Bellas Artes en Barcelona), seguía “nerviosísimo” los comentarios sobre esta obra instalada con mimo por los operarios Edelmiro Calo y José Ben ante la Iglesia de San Fiz de Solovio, cerca del Mercado de Abastos. A la vera de la pieza, mirando sin prisa como pide una mañana de sol en Santiago, Carmen Barreiro dice: “Me gusta, muy bonita”. Al lado, Aida Vera y Marías Jesús Suárez, piropean “el gesto relajante” del Paio de Solovio bronceado, una escultura cuya inauguración oficial tendrá lugar la próxima semana en día por concretar.

“He encargado para entonces unas reproducciones pequeñas de chocolate que hará Fina Rei ”, explica Acisclo en charla con EL CORREO tras ahondar en la base de su proyecto artístico. “Se trata de intentar colocar a uno de los personajes de la crónica compostelana, que además es republicano, no es cura, no es un rey, no es un obispo, es una persona del pueblo, un inspirado, alguien que miraba a las estrellas. Y tenía que hacerlo al lado de la ermita que cuidó, la primera iglesia de Santiago, la más antigua”. Al rato, pasa Natalia Ferro, escultora gallega recién instalada en Compostela tras años trabajando en Alicante.Saluda y felicita al autor: “Es buena noticia que se apueste por el bronce”, indica sobre un material que ella también trabaja, así que dialogan sobre los lugares donde funden uno y otra la luz de sus ideas.

Vista cercana de la escultura con el mercado de Abastos al fondo

Vista cercana de la escultura con el mercado de Abastos al fondo / Antonio Hernández

La cabeza de este Paio de Solovio es grande (“Paio de Solovio, ollador de estrelas, S. IX”, reza el podio circular) pero lo es más el pulpo que Acisclo hizo para O Carballiño (865 kilos).

“El escultor catalán Jaume Plensa dice que la escultura tiene tres reglas: ‘Escala, escala y escala’. Y esa es la pura verdad, no se puede pensar nada si no va a ser mirado por otras personas. Nosotros trabajamos en la escala humana y esta pieza en Santiago está pensada para ser abrazada, besada, fotografiada, rodeada, pero buscando que, al mismo tiempo, no se pierda entre el tejido de planos que conforman la ciudad... Es una cabeza que surge de un tronco, que está emergiendo y que está apuntando hacia el orbe, hacia el cielo, buscando las estrellas porque Paio de Solovio es el personaje que, según la leyenda y según la historia, descubrió la luz apuntando hacia el lugar exacto donde se encontraba el sepulcro del Apóstol,por tanto, es un fundador de la ciudad, como podía haber sido Eneas o Rómulo y Remo, y consideré que era muy importante usar la expresión facial y la del cuerpo echándose hacia atrás”, aclara Acisclo Novo sobre un Paio de Solovio que achina los ojos para otear las estrellas y los sueños.

Una persona fotografía la pieza situada ante la Iglesia de San Fiz de Solovio

Una persona fotografía la pieza situada ante la Iglesia de San Fiz de Solovio / Antonio Hernández

“Las piezas que voy haciendo para las calles son piezas donde trato de conectar con la ciudad, con el espacio y con el público, eso es lo que me interesa, nada más que eso... Y en ese sentido, Galicia, que es un auténtico paraíso, necesita un poquito más de sentido histórico, en todas las facetas, las políticas, las artísticas, las científicas, un sentido que tenemos pero que está... dormido”, detalla Acisclo Novo, que ha vuelto a convertirse en ciudadano gallego, con taller en Cea (Ourense) tras cuatro años viviendo en Madrid y que suele trabajar en bronce, “porque prefiero hacer menos obras en esa material y que perduren que hacer mucha obra que luego no va a permanecer en el tiempo”, añade Acisclo, cuyo nombre es un guiño al de su padre, el también escultor Acisclo Manzano, ambos de Ourense pero ligados a Santiago por nexos artísticos anteriores.

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